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Este trabajo parte de
la idea de definir qué es una pareja
desde una perspectiva integral. Es
decir, tratar de considerar los
elementos que constituyen una relación
de pareja desde una perspectiva que
considere el mayor número de dimensiones
de la realidad posibles, para escapar de
reduccionismos o visiones parciales.
Desde esta
perspectiva integral hay que tener en
considerar no solamente los diversos
aspectos implicados en la relación sino
también el mayor grado de realización o
completud de dichos aspectos. Es decir,
que hay que ver las diferentes
dimensiones implicadas y a la vez si se
han realizado de una manera completa y
en una relación armónica con el resto.
Por ejemplo, si consideramos un cuerpo
aislado podemos ver las diferentes
partes que lo constituyen (piernas,
brazos, cabeza, etc.), a continuación
ver si están enteras y funcionan bien
cada una por separado y por último
comprobar que hay una armonía de
funcionamiento entre cada una de las
partes, es decir que por ejemplo no haya
una descoordinación de movimientos.
Yendo a una relación de dos podríamos
hacer algo parecido considerando primero
las partes de la relación que hay que
tener en cuenta, después ver si esas
partes funcionan bien y por último si
hay una armonía en el conjunto de ambos.
La pareja supone
una situación de interacción intensa
emocionalmente, entre dos personas que
implica a las diferentes dimensiones de
cada una de las personas que forman
parte de la relación. En la medida que
haya más dimensiones implicadas y mayor
grado de desarrollo de estas dimensiones
y de cada persona en su totalidad, la
relación será más completa y por lo
tanto más satisfactoria para ambos.
La relación de una
pareja madura tiene que ver con el amor,
que es un fenómeno específicamente
humano (Frankl) que supone la comunión
íntima entre un yo y un tú que crea así
una comunidad que ayuda a dar sentido a
la existencia. Es un acto existencial o
más bien coexistencial por ser una
relación persona a persona, es por
definición el amor a otro con el que se
produce un encuentro.
Sobre la idea del
amor podemos añadir lo que Fromm afirma:
- El amor es un arte,
el fruto de un aprendizaje. Por ello, si
queremos aprender a amar debemos actuar
como lo haríamos si quisiéramos aprender
cualquier otro arte, ya sea la música,
la pintura, la carpintería o el arte de
la medicina.
- El amor requiere
conocer a la otra persona, requiere
tiempo, requiere reconocer los defectos
del ser amado, requiere ver lo bueno y
lo malo de la relación
- Empezamos a amar no
cuando encontramos una persona perfecta,
sino cuando aprendemos a ver
perfectamente una persona imperfecta.
Pero para saber
encontrar a la pareja adecuada antes hay
que haberse encontrado a uno mismo. La
elección verdadera y plena sólo puede
florecer a la luz de la verdad de uno
mismo. Es necesario que uno sea “yo”
antes de ser un nosotros. No se puede
elegir libremente antes de estar
realmente formado para ello. Para poder
tener una relación con otra persona, uno
tiene que tener una relación auténtica
consigo mismo. Yendo a la idea de las
dimensiones que he dicho antes, sería el
completarse como ser humano como un todo
armónico para llegar a una relación de
pareja realmente madura y completa. Pero
la mayoría de nosotros aún no hemos
llegado a la perfección y esto no quiere
decir que no podamos tener una pareja,
sino que hay que seguir cuidando el
desarrollo personal desde el centro de
uno mismo para favorecer la armonía de
la relación, porque si no podemos caer
por ejemplo en actitudes de querer tapar
lo que nos falta con la relación, o de
querer someter al otro para compensar
nuestras carencias.
El objetivo no es
poseer, dominar, ser dominados o tapar
agujeros, sino compartir un espacio de
nuestra vida, caminar juntos siendo
nosotros mismos, sin asfixiar al otro,
sin ser posesivos, caminando al lado del
otro en libertad. Una relación ideal
sólo existe cuando no es necesaria para
la supervivencia de ambos miembros de la
pareja. Si no somos capaces de abrazar
nuestra propia soledad, utilizaremos al
otro como escudo contra nuestra propia
soledad. Sólo cuando uno es capaz de
vivir en soledad es capaz de amar a otra
persona; sólo entonces puede importarle
realmente el crecimiento del otro al que
se ve como compañero de viaje.
En las relaciones
es frecuente que haya aspectos
problemáticos y conflictivos, o bien
haya puntos de vacío o desencuentro que
no se acaban de llenar. Es posible que
la relación perfecta no exista porque
tampoco es fácil encontrar a la persona
perfecta y completa a todos los niveles,
si es que existe... Y además tal vez
fuera aburrido ser perfecto porque
quizás no hubiera mucha tarea de la que
aprender ni ninguna humildad que
aprender a desarrollar. Pero sí que
podemos apuntar a una relación que sea
lo más integral, plena y evolucionada
posible.
Para poder crecer
juntos es importante tener un proyecto
común, una dirección común. El objetivo
no es el otro sino que el otro es un
compañero de camino hacia el mismo
objetivo.
Dicho objetivo
puede tener que ver con la conciencia
que querer llegar a la máxima
realización de ambos y reforzándose el
uno al otro en una misma evolución. El
verdadero amor implica que ambas
personas compartan la búsqueda de una
verdad superior que supone finalmente la
máxima realización de un amor
interpersonal.
En la siguiente
imagen podemos ver dos personas mirando
juntos hacia el sol, esta imagen podría
simbolizar la idea de buscar una verdad
superior. La luz podría representar esa
verdad superior que uniría a ambos en la
búsqueda.

LA PAREJA INTEGRAL
DESDE EL MODELO DE WILBER
El modelo de Wilber
nos propone una visión integral de la
psique humana que podemos utilizar para
comprender al ser humano como ente
aislado, pero que también podemos
aplicar a la interacción de cada uno de
dichos seres humanos. En función del
grado de desarrollo de cada uno de ellos
y de la participación de sus diferentes
dimensiones podremos ir construyendo la
idea de una pareja integral.
1. Cuadrantes
En la imagen de los
cuatro cuadrantes podemos visualizar
cuatro aspectos fundamentales de nuestra
realidad. La relación de pareja ha de
contar con los aspectos contemplados en
los cuatro cuadrantes para poder ser más
global. Si en una relación sólo contamos
con uno de los cuadrantes las
posibilidades de la relación se reducen
y se empobrecen.

Si nos quedamos
sólo con el cuadrante superior derecho,
es decir, el del mundo objetivo o
material, esa relación se queda reducida
a la corpóreo que en este contexto sería
lo sexual como mecanismo meramente
fisiológico.
Si añadimos a la
consideración el cuadrante superior
izquierdo (el del mundo interno y
subjetivo) ya podemos introducir el
mundo de los sentimientos subjetivos que
pueden ser de lo más elemental a lo más
elaborado, dentro de los que el gusto
por el otro o el enamoramiento serían
experiencias elementales y puntos de
partida posibles pero no la máxima
realización de ese mundo interior de
cada uno de nosotros. La máxima
realización sería en el amor maduro,
pero el amor no se puede entender
solamente desde la subjetividad porque
para su crecimiento y desarrollo es
necesaria la relación con otro que sería
un tú y la relación con Otro que sería
el Tú con mayúsculas dentro del contexto
de una espiritualidad cristiana. Además,
para que esa vivencia del amor sea
completa es necesario seguir aludiendo a
los otros cuadrantes y por supuesto
tener en primer lugar una conciencia de
la integración del cuadrante superior
derecho, descrito anteriormente, con el
superior izquierdo, es decir, entre el
cuerpo y nuestro mundo interno que
podemos identificar con la mente y el
alma. Sin una unificación entre cuerpo,
mente y alma es imposible un encuentro
real con el otro. Sin cuerpo no
existimos ni experimentamos, ni tampoco
nos relacionamos.
Así la visión del
amor de la pareja ya empieza a adquirir
una perspectiva más amplia. A esto
podemos añadir el tener una concepción
de la persona como un ser único e
irrepetible que se encuentra en la
relación amorosa como otro ser único e
irrepetible.
Sería como
reconocer el valor de una obra
determinada de arte que somos cada uno
de nosotros en este mismo momento. Si
además hay una visión trascendente de la
realidad podemos experimentar la
conciencia de que este mundo y nosotros
somos una expresión artística de entidad
por encima de nosotros mismos y que se
expresa a través nosotros. En este
sentido de ese algo trascendente que se
expresa a través de nosotros, a través
de nuestra corporalidad, es interesante
la idea Cristiana de la encarnación en
la que Dios se hace hombre y por lo
tanto se hace carne, es el Espíritu que
se expresa a través de un cuerpo
salvando la distancia que suponen otras
religiones monoteístas. Y ese Espíritu
encarnado del que hablamos, se supone
desde el Cristianismo que también se
puede expresar a través de todos y cada
uno de nosotros.
Tenemos entonces la
unión de los dos cuadrantes superiores
con una dimensión que los trasciende y
se introduce en ellos que pertenecería
al ámbito espiritual y que enriquecería
el mundo interior y el mundo objetivable,
siendo siempre una persona una unidad no
separable más que conceptualmente. Hasta
aquí podemos entender más o menos bien
lo que es un humano aislado.
En lo que concierne
a relaciones entre personas tendría que
ver la posibilidad de expresar el amor
desde lo más elemental a lo más elevado
desde el interior de nosotros mismos al
interior de otro a través del puente de
comunicación que supone nuestra
corporalidad. Al introducir la relación
ya estamos dando un salto al siguiente
cuadrante, el del nosotros, el cuadrante
inferior izquierdo.
A continuación
habría que considerar los otros
cuadrantes que serían el cuadrante
inferior izquierdo que implicaría un
nosotros. Aquí crece la posibilidad de
integrar a un yo y un tú en una
comunidad específica y única en la que
interaccionan dos personas.
Pero si nos
quedamos en este nosotros que implica a
dos personas espirituales y corporales
aún hay algo que falta porque la
relación el riesgo de quedarse cerrada
sobre sí misma. Corre el riesgo de que
el nosotros de los dos miembros de la
pareja se aíslen y no interaccionen con
el mundo, y esto que puede ser fuente de
problemas o suponer un ensimismamiento
en la relación.
El que la relación
se cierre sobre sí misma puede partir de
una postura egoísta, o de una posición
narcisista de creer ser tan únicos que
el resto del mundo no merece la pena, o
bien de la falta de conciencia de lo que
la propia relación puede aportar al
mundo, un mundo en el que la aportación
de un amor completo puede ser una gran
riqueza. Además existe la posibilidad de
que la relación se pueda enriquecer de
otros elementos de la realidad como la
relación con otras personas o por la
pertenencia a un ámbito socio-cultural
determinado; y por eso añado lo que
aporta el último de los cuadrantes que
es el inferior derecho que pertenece al
ellos. El ellos pueden ser los amigos,
la sociedad, las instituciones, el
decidir la forma que la relación
adquiere desde la perspectiva social
(como por ejemplo en forma de
matrimonio) y puede tener la vertiente
de crear una comunidad familiar a través
de traer hijos al mundo en el que los
ellos que aparecen se acaban
incorporando al nosotros como familia.
Por lo tanto, una
relación de pareja más integral ha de
tener en cuenta y funcionar desde estos
cuatro cuadrantes sin obviar ninguno de
ellos para no caer en un reduccionismo o
parcelación del amor.
2. Niveles
En líneas
anteriores se ha hecho alusión a la
dimensión espiritual como una dimensión
superior que trasciende y a la vez
engloba o impregna la realidad. Dicha
dimensión es una dimensión más de los
seres humanos que está por encima y
embebiendo otras dimensiones:

Y habría que
integrar la idea de estas dimensiones o
niveles dentro del desarrollo dentro de
cada uno de los cuadrantes. Es decir, en
cada cuadrante hay elementos de lo más
elemental o material a lo más complejos
y en todos ellos la máxima realización o
completud se produce al llegar al plano
espiritual. Sin todos estos elementos,
la vivencia de la relación con uno mismo
o con la pareja es algo parcial.
Sintetizaré las
dimensiones que refiere Wilber en tres:
cuerpo, mente y espíritu. El ser humano
es una unidad de cuerpo, mente y
espíritu, que no siempre actúan
unificadamente y que si se disocian o
separan pueden originar tres posibles
actitudes:
1) Desde el cuerpo:
sería la capa más superficial de la
persona y la más primitiva. Se produce
una atracción hacia otra persona por un
impulso originado en el cuerpo por
atención al cuerpo del otro o a un rasgo
corporal. Siempre es algo transitorio.
La situación de
reducir la relación al cuerpo queda muy
bien expresada en la siguiente imagen.

2) Desde la mente:
que es una dimensión más profunda que la
del cuerpo. Se produce una conmoción en
la emotividad psíquica por rasgos de
carácter o anímicos de otro y genera lo
que comúnmente se llama enamoramiento.
No llega tampoco al verdadero ser
esencial del otro y también es
transitorio.
El cuerpo y la
mente centran su atención en algo que el
otro ser humano tiene y no en lo que es.
Desde esta perspectiva se generan
relaciones superficiales que buscan un
tipo de persona, pero no a la persona en
sí, por lo que se genera una relación
impersonal en la que se tiene al otro
como posesión sin necesidad de amarle.
Ese estado de
enamoramiento queda muy bien reflejado
en el siguiente cuadro de Klimt.

3) Desde el
espíritu: El espíritu sería lo más
profundo de la persona, pero también
algo que le hace salir de sí misma
porque le trasciende más allá de su
individualidad. Para las visiones
occidentales de la espiritualidad o
religiones monoteístas de identificará
con Dios y aportaría una fuente extra de
fuerzas y riqueza para la relación. El
implicar al espíritu posibilita que
intervenga la totalidad de la persona
con los elementos anteriores.
Quien realmente ama
no es por algo que tenga el ser amado,
sino que lo ama a él mismo por lo que
es. Siendo capaz de ver a través del
“ropaje” de la persona. No ve un tipo de
cuerpo o alma sino a la persona como a
un ser único en la que las capas más
externas cobran el valor de la expresión
de lo más interno y profundo,
expresándose lo espiritual en lo
corporal y en lo anímico que serían un
signo para el amante de algo que hay
detrás pero que no se agota en sus
manifestaciones externas.
El siguiente cuadro
Klimt integra esa parte espiritual en
forma de un halo brillante que rodea a
la pareja, aparte de una ternura amorosa
que se pone de manifiesto en el gesto de
un beso que tiene “algo más” que lo que
se percibe en las imágenes anteriores.

Del encuentro de
los espíritus de dos personas surge el
amor verdadero, pero esos espíritus se
expresan a través de un cuerpo y con
unas mentes determinadas. El añadir lo
espiritual da origen a la forma más alta
posible de lo erótico, es la forma más
profunda de interrelación con otro ser
humano. Se produce una afectación en lo
más hondo del espíritu por el portador
espiritual en su totalidad. Por tanto el
amor sería la orientación directa hacia
la persona espiritual del ser amado en
cuanto algo único e irrepetible según
puso de manifiesto el psiquiatra Viktor
Frankl.
La capacidad para
amar es necesaria para que se pueda
integrar y vivir la sexualidad de una
forma sana. En la que la sexualidad nos
sería un fin sino un medio para expresar
el amor, que puede subsistir sin la
sexualidad porque hay otras
posibilidades de expresar el amor.
En palabras de
Frankl: “Solamente el yo que tiende a un
tú puede integrar el propio ello”.
Una relación es un
encuentro con otro ser humano, con otra
persona y resulta interesante el poder
llegar a poder observar el interior de
la relación con el otro en toda su
amplitud y profundidad. No se pone
únicamente en juego simplemente del
acontecimiento misterioso y gratuito del
enamoramiento, sino que se abre el
camino de una educación profunda al
amor, con consistencia y capacidad de
entrega de sí a través de una unidad de
dos. Pero aparte de esta unidad de dos
si añadimos la dimensión espiritual
podemos tomar conciencia de que esa
unidad de dos no está cerrada sobre sí
misma, porque en la espiritualidad
existe la capacidad de la trascendencia,
es decir de ir más allá de uno mismo o
en este caso de los dos mismos que están
unidos por algo que les sobrepasa si
realmente hay amor. En ese
sobrepasamiento del amor se pone de
manifiesto la riqueza de lo espiritual.
Ese algo que sobrepasa que se expresa
como amor podría identificarse con lo
que las religiones monoteístas llaman
Dios. Entonces quizás lo de la unidad
dual haya que amplificarlo a unidad
“trial”.
Además esta luz de
Dios o de la trascendencia puede ayudar
a que cada uno tenga una experiencia de
la totalidad y la independencia que
puede favorecer una relación más
equilibrada por no pretender que sea el
otro el que se haga responsable de
nuestra vida y que cargue con nosotros,
sino que aprendamos a caminar juntos y a
apoyarnos mutuamente. Esto puede surgir
de la comunión con Dios, que sería una
fuente inagotable de luz y de amor que
se puede aportar a la relación. Sólo
liberándonos podemos amar con plenitud a
nuestra pareja y a nuestros semejantes
así como al mundo que Dios ha creado.
En ese sentido os
cito una poesía de Raissa Maritain que
dice lo siguiente:
« El Amor !
Es el amor a lo que estamos
predestinados
desde el origen del mundo.
El amor. Qué es comunicación de las
delicias
y la alegría.
El amor es recíproco y total,
ligero, alegre, volviéndose
eternamente
a las fuentes de la vida eterna. »
Sobre al amarse en
Dios o en el Amor con mayúsculas habría
mucho que hablar por su riqueza y
complejidad, pero está claro que es algo
presente para muchas personas que
sienten armonía y fuente de crecimiento
a través del amor por alguien concreto.
En este amar que también supone ir más
al fondo del origen de nuestro ser y de
cómo se configura nuestro corazón humano
y por lo tanto espiritual. Es decir, que
cómo aprendemos y experimentamos el amor
desde que nacemos nos guía para
descubrir el amor personal y el Amor
superior.
También quiero
destacar la idea de la importancia de
personalizar el amor, de amar a cada uno
como ser único e irrepetible y no amarle
como un ser abstracto. Porque uno ama a
quién conoce y con quién se relaciona, y
en los amores sin un conocimiento real
del otro no suele haber futuro. También
desde una perspectiva espiritual podemos
tomar conciencia de que cada uno de
nosotros somos seres únicos, aunque haya
aspectos comunes entre nosotros o mapas
de lo que somos no hay dos personas
iguales, por suerte porque entonces
seríamos clones. Y cuando nos enamoramos
de alguien es por ser quién es y no nos
vale un doble que se le parezca.
El personalizar el
amor supone tomar al otro en su valor
absoluto y ofrecerle el homenaje puro
que merece a través de un amor maduro
que sea fruto de una elección de la
voluntad. En la personalización adecuada
del amor es importante tener en cuenta
la totalidad bio-psico-espiritual de la
persona amada.
Dentro del
personalizar el amor es importante
destacar la idea de la complementariedad
no sólo personal sino la
complementariedad que se produce entre
el hombre y la mujer, en la que uno es
inseparable del otro e inaferrable por
el otro. Habiendo siempre elementos de
identidad y diferencia y por lo tanto la
posibilidad del enriquecimiento mutuo a
través de un abrirse al misterio del
otro. En esa apertura al misterio del
otro y expresión del amor existe la
maravillosa posibilidad de esa relación
de tener la máxima posibilidad de
creación que tiene el ser humano, la
posibilidad de la procreación, la
posibilidad de dar vida a otro ser único
e irrepetible con el que también podemos
entrar en relación, lo cual si se hace
desde una mayor conciencia y desarrollo
resulta mucho más enriquecedor para uno
mismo y para el mundo. Es la posibilidad
de la transmisión de la vida a través de
la creación de una vida única lo que
también es una forma de contribuir al
arte de este mundo y de expresar de una
manera renovada nuestro amor.
En la siguiente
imagen se puede ver expresada de
diversas formas esa riqueza de la
posibilidad de dar lugar a una nueva
vida. Una vida que también ha originado
nuestro ser de una misma manera, a
través de la relación de una pareja.

Otra opción es
concebir la idea de esa creatividad a
través de todas las posibilidades que se
nos abren con el nacimiento de un niño,
como se muestra de una manera
humorística en la siguiente viñeta:

Y por último acabo
con otra viñeta en la que se muestra de
forma magistral la idea de las
posibilidades (conocimiento profundo de
uno y otro) y las contradicciones de una
relación de pareja.

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