PSIQUIATRÍA INTEGRADORA


PLANTEAMIENTO GENERAL



 


En mi consulta busco un abordaje integrativo de los problemas de salud mental que tenga en cuenta las diferentes dimensiones del ser humano, para abordar su situación desde las dimensiones que sean necesarias, en cada caso.


Desde que inicié mi formación como psiquiatra echaba algo en falta… Aprendía muchas cosas interesantes sobre la mente, el cerebro, la enfermedad mental, el sufrimiento, los medicamentos, etc. Pero tenía la sensación de que contábamos con recursos insuficientes para ayudar a nuestros pacientes y de que la propia formación recibida generaba una cierta disociación en nosotros mismos… La enfermedad mental era algo que les pasaba a otros a quienes teníamos que “arreglar”; otros que eran distintos a los que teníamos que cuidar desde un punto de vista médico, es decir, medicamentos, ingresos hospitalarios y a veces algún consejo que me parecía paternalista. Apenas se nos enseñaba nada de psicoterapia… Algunos buscamos por otros lares para complementar nuestra formación como psiquiatras y llegar a tener suficientes conocimientos y experiencias como para trabajar con ella.

Aunque en ciertos casos los planteamientos de la psiquiatría normal eran útiles, en otros veía grandes limitaciones e impotencia al ver que no se hacía más… 

Durante mi carrera de Medicina me había encontrado con libros de Viktor Frankl, Erich Fromm, Carl Gustav Jung, Elisabeth Kübler Ross, entre otros. También aprendí mucho sobre la condición humana leyendo a los clásicos, apreciando el arte, leyendo filosofía, etc. Me parecía en el ser humano había mucho más que lo que la ciencia pretendía comprender con una metodología valiosa e interesante, pero limitada para ciertos ámbitos de profundidad psíquica.

También descubrí en mi misma los efectos de la alimentación, la naturaleza y el deporte. La psique mejoraba y se potenciaba con un cuidado adecuado de la dimensión biológica.

A todo ello se sumó la consciencia del valor que aporta una búsqueda en la profundidad de uno mismo, de los otros, en la realidad. Es decir, lo que aporta el cuidado de la dimensión espiritual en la salud general, de la meditación, de la contemplación, el yoga, etc. Y fui aprendiendo como el cuidado de esta dimensión añade consciencia al tener en cuenta valor de la propia vida en su totalidad (bio-psico-socio-espiritual). Esa idea de que el cuerpo es el “templo del espíritu” creo que es una buena metáfora de la importancia de integrar dimensiones humanas. Sin consciencia no cuidaríamos ni un gramo de nuestro ser o lo haríamos como una mera costumbre que repetiríamos de manera automática, seguramente con errores.

Con todos estos ingredientes sobre la comprensión del ser humano, se iba configurando en mi actitud vital y profesional la idea de buscar una psiquiatría adaptada a lo que sucede en la vida de quienes sufren, de una manera más global. Me planteaba, sin saberlo, desarrollar una línea de psiquiatría integrativa. Que es algo que yo no he descubierto, pues ya muchos hablaron de esto mismo con otros nombres… (el mismo Hipócrates era más integrativo que muchos médicos de hoy en día). En estos momentos simplemente lo adapto a los conocimientos que tengo y que he intuido que eran necesarios para los pacientes y para mí misma.

Un enfoque integrativo supone trabajar interdisciplinariamente y colaborativamente con otros profesionales (médicos, psicólogos, filósofos, nutricionistas, etc.): 

Los ingredientes fundamentales para una Psiquiatría integrativa considero que son los siguientes:

1.- Dimensión biológica:
 
Cuidado del cuerpo: lo que supone una nutrición correcta (a veces reforzada con ciertos suplementos) y adaptada a las necesidades y situación vital de cada cual. No valen dietas estándar. También supone cuidado del entorno en el que vivimos (contaminación ambiental, luminosidad en las viviendas, comodidad, etc.) y tener hábitos de ejercicio físico que sean adecuados para nosotros. El cuidado del cuerpo es la base para una buena salud física y mental (“mens sana in corpore sano” que decía Hipócrates). Pero también he descubierto que esto es imposible como norma externa o como mera recomendación paternalista. Sólo se cuida el cuerpo cuando se tiene consciencia de su presencia, vitalidad, etc. En general, en Occidente vivimos tanto en la cabeza, que resulta complicado empezar a recomendar a la gente que se cuide a este nivel, si antes no se vive “en” el cuerpo, si no se acepta como es, se valora la propia vida y se entiende que forma parte de la totalidad de lo que somos. Así que, paradójicamente, no suele ser posible empezar por aquí. Por más que esté en auge la psiquiatría nutricional, la promoción de estilos saludables, etc. Por otra parte podemos caer en el error de solo suplementar con sustancias “reforzantes” del sistema nervioso, sin ir a lo que hay de fondo en la falta de autocuidado… la inconsciencia, la desconexión de uno mismo, la falta de autoestima, etc.
 
- Medicación: cuando es imprescindible. Para tratar enfermedades, si las hubiere, que empeoren el estado mental. Un buen diagnóstico médico es necesario en muchos casos de trastornos mentales, pues una enfermedad física afecta a nuestro estado psíquico (recordemos cualquiera el aplatanamiento y estado anímico que genera tener gripe). También, en ciertos casos, es preciso añadir medicamentos psiquiátricos (psicofármacos), que ayuden a quien sufre a aliviar sus síntomas, remontar un estado de ánimo bajo, calmar la angustia, el insomnio, la ansiedad o combatir pensamientos obsesivos o distorsionados, alucinaciones, etc.


2.- Dimensión psicológica:
 
Psicoterapia: sería el trabajo con la dimensión mental, superación de heridas psicológicas, miedos, bloqueos, etc. En cada persona se trataría de usar un enfoque psicoterapéutico adaptado a sus necesidades, momento vital, etc.  Este trabajo con la dimensión psíquica puede ayudar, además, a tomar menos dosis de medicación psiquiátrica (si fuera precisa), a tomar tratamientos psicofarmacológicos más breves, etc. Además, sería parte del trabajo que nos llevaría a la autoconsciencia, madurez, autoestima, etc. que posteriormente conduciría a un cuidado del cuerpo que parte de darse cuenta del valor de la propia vida, la importancia de la estructuración interna (ser capaces de llevar una vida organizada y ordenada) y de un amor a uno mismo. Así no sería una norma a cumplir, sino a una tarea a realizar en un enfoque de salud más global en el que uno se responsabiliza de sí mismo y se convierte en su propio cuidador y terapeuta, siga o no con un tratamiento psicológico o psicofarmacológico.


3.- Dimensión espiritual: 
 
Espiritualidad: este cuidado partiría, en primer lugar, de la actitud del terapeuta de acogida y aceptación del paciente, como ser único e irrepetible, que ha de ser considerado en todas sus dimensiones y respetado. Evidentemente aquí hay también una dimensión psicológica, pero creo que el cuidado de la propia profundidad, ayuda a conectar con la profundidad del otro  y a quererle como es. En esta parte espiritual, se abriría la mirada más allá de las dimensiones biológica o psicológica, para considerar, desde la humildad, que somos más que individuos aislados y de que hay un misterio que nos sostiene e inspira cuando accedemos a él. El cuidado de la espiritualidad es también la consciencia del valor sagrado de la vida como algo a proteger, fomentar, etc. Lo que también nos llevaría a darnos cuenta del valor último de cada ser humano por sí mismo. Ciertas preguntas más profundas, la búsqueda de sentido en la vida más allá de estereotipos, la idea de que puede haber un sentido último de todas las cosas, puede ser de ayuda a muchas personas. Al menos, la dimensión de profundidad y de indagación profunda sobre la vida, puede hacernos más conscientes y completos. Y, en algunas personas, esta parte espiritual puede canalizarse en el ámbito religioso. Cualquier terapeuta ha de ser respetuoso con este ámbito de espiritualidad-religión, dejando que cada persona explore con libertad en esta dimensión de sí misma, dentro o fuera del ámbito de la relación terapéutica.
 
Meditación-contemplación: hoy en día la meditación está integrada en diversos tratamientos psicológicos, con más o menos acierto. Puede relacionarse o no con la espiritualidad, pero el hecho es que surge mucho antes de que existieran la psicología y la psiquiatría, en diferentes caminos espirituales. Por lo que por respeto a su origen, considero que ha de conectarse con la espiritualidad o con la profundidad humana y no desconectarse totalmente de su contexto original. En todas las tradiciones espirituales la meditación tenía que estar unida al comportamiento ético y al cultivo de la sabiduría (aprender a pensar, etc.). Sin esos ingredientes la meditación llega a ser incluso perjudicial para nuestra salud mental y espiritual.


4.- Dimensión social
 
Relaciones humanas: pongo por último esta dimensión, no porque sea menos importante, sino porque para que lo relacional se sostenga es importante cuidar todo lo demás. No debemos ser burbujas autocomplacientes que buscan la felicidad para sí mismas al modo narcisista. La configuración de nuestro ser se va fraguando con relaciones desde que nacemos hasta que morimos. Pero, en la medida que somos conscientes, nos podemos ir haciendo responsables de cómo nos relacionamos con los demás e ir aprendiendo en cada relación de cómo vivirla de la mejor manera, aunque no tengamos una receta de perfección y nos equivoquemos muchas veces.

Otros aspectos sociales y culturales: Otros aspectos a tener en cuenta, que también considero fundamentales, son los elementos relacionados con el nivel de satisfacción de las necesidades básicas, pobreza, efectos en la salud mental de las guerras y agresiones diversas, actitudes culturales hacia la enfermedad, vulneración de los derechos humanos, injusticias, etc. Si los psiquiatras no tenemos en cuenta estos aspectos podemos estar simplemente poniendo parches a situaciones de injusticia y vulnerabilidad, o incluso colaborando con sistemas perversos.


5.- Dimensión ambiental:
 
- Naturaleza: Formamos parte de ecosistemas, por mucho que hayamos desvirtuado nuestros ecosistemas originales. Nuestra salud, depende cada vez más de cómo cuidamos nuestro medio ambiente y de la consciencia de que formamos parte de la naturaleza. Vivir totalmente alejados de ella también nos enferma. Incluso algunos hablan de un síndrome, detectado en niños, de ausencia de naturaleza. Parte de nuestra salud mental ha de estar conectada con la consciencia del cuidado de nuestro planeta, nuestro medio ambiente, lo que, incluso egoístamente nos facilitará vivir en unos entornos más adecuados y saludables.



Añado finalmente que nada de esto tiene mucho valor si quienes cuidamos de la salud de otros no empezamos por nosotros mismos… Y no hablo de salud perfecta (que quizás no exista), sino de estar en las condiciones adecuadas para vivir y ejercer nuestro trabajo con responsabilidad. Un instrumento dañado (nuestra mente), no podría funcionar de manera adecuada en su cotidianeidad.