El estudio de la consciencia: Perspectivas fundamentales.
16/09/2013

El estudio de la consciencia: Perspectivas fundamentales.

Ana Rojo Rubio; Mª Isabel Rodríguez Fernández.

Departamento de Psicología de la Facultad de Medicina de la Universidad San Pablo-CEU de Madrid.

Trabajo presentado en el 9º Congreso Virtual de Psiquiatría (2008): http://www.psiquiatria.com/congreso/2008/otras/articulos/34330/



El estudio de la consciencia ha sido abordado desde múltiples perspectivas dentro ámbitos persos como la filosofía, la psicología o la neurociencia, por ser un eje de comprensión importante para la comprensión del ser humano. Su definición ha variado en función de la forma de entender la realidad por cada una de estas disciplinas, a lo largo de la historia. Definición que también se ha visto influida por el método de estudio empleado por cada una de ellas. En la actualidad se entiende por consciencia aquello que permite que el sujeto tenga un conocimiento inmediato de sí mismo, de sus actos y reflexiones. En el presente trabajo se expondrán algunos de los planteamientos más importantes, que han sido desarrollados en el estudio de la consciencia y de su comprensión.

Introducción

El tema de la consciencia es uno de los abordados con mayor frecuencia dentro de la filosofía y de la psiquiatría, por estar estrechamente relacionado con lo que entendemos por mente. Si comprendemos mejor lo que es la consciencia del ser humano, parece que sería más posible conocer en más profundidad lo que es la mente humana, su funcionamiento y su relación o imbricación con el funcionamiento del cerebro.

La manera de abordarla o tratar de comprenderla ha estado estrechamente relacionada con la posición filosófica de su observador o investigador, que de forma consciente o inconsciente ha asumido como válida una determinada perspectiva antes de saber realmente en qué consistía el terreno en el que se estaba adentrando. Sabemos, por ejemplo, que las posturas dualistas o monistas, no abordan el problema de la misma manera y muchas veces dan por supuesto ciertos principios, sin fundamentarlos suficientemente. El conocer esas posibles posiciones o miradas que se toman a priori, nos puede ayudar a tomar conciencia de las propias, para saber así de donde partimos y buscar una fundamentación real y racional de nuestros presupuestos.

Otra cuestión que ha influido en la conceptualización de lo que es la consciencia, ha sido el método de estudio empleado, basado previamente en asunciones fundamentales sobre el objeto estudiado. Por ejemplo, para algunos, ha sido más adecuado tratar de buscar la consciencia en los mecanismos neurobiológicos o bioquímicos del cerebro, para otros ha sido mejor la observación de la conducta, o la descripción imparcial de los hechos, entre otras muchas posibilidades.

En el presente artículo presentaremos brevemente, algunas ideas fundamentales sobre este concepto, con el riesgo de dejar alguna cuestión por abordar, con el objetivo de invitar a la reflexión y a la profundización en este tema, que sigue siendo una asignatura pendiente, en muchos sentidos para la filosofía, la psicología y la psiquiatría.

Definición de consciencia y conciencia

En la lengua castellana, nos encontramos con los dos conceptos diferentes relacionados entre sí, consciencia y conciencia, que con frecuencia son usados indistintamente; algo que lleva a un uso confuso de los mismos (1).

Según las definiciones del diccionario de la de la Real Academia de la Lengua (2) encontramos que ambos términos no tienen el mismo significado, aunque podamos encontrar ciertos paralelismos en los términos.

La palabra consciencia viene del término latino conscientia y es definido como el “conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones”, y como la “capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento” (2).

Por otra parte, en el mismo diccionario, la palabra conciencia, que deriva de la misma palabra latina conscientia, se define como la “propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta”, y también como el “conocimiento interior del bien y del mal” (2)
En ambos casos encontramos una alusión al autoconocimiento, a algo que sucede al darse cuenta de algo que ocurre en el interior de uno mismo.

Sabemos que la palabra latina conscientia deriva del verbo latino consciere, que se refiere al acto de ser conocedor de algo por uno mismo, y con otras personas, es decir, consaber algo (3).

La palabra conscientia está compuesta por la preposición, cum, y el sustantivo, scientia. Así que, etimológicamente, conscientia significa dos cosas: con conocimiento (sabíamos lo que hacíamos, cuando lo hacíamos) y conocimiento compartido (con otras personas) (3). Esta cuestión añade a la cuestión del autoconocimiento, la idea de que aquello que conocemos, en este caso en nosotros mismos, puede ser a su vez algo compartido por otros que se están conociendo también a sí mismos.

En el presente texto escogemos el término consciencia por ser su definición más cercana a un enfoque psicológico y por ser un término más semejante al término inglés consciousness. No obstante, en algún momento se usará el término conciencia, si es preciso para reproducir citas textuales, en las que tenga el mismo significado que estamos asumiendo para consciencia.

Origen histórico de la cuestión de la consciencia

Los primeros planteamientos acerca de lo que es la consciencia, aparecen ya en algunos planteamientos filosóficos de la Grecia clásica, de una forma no explícita, pero sí implícitamente en persos postulados acerca del alma o del pensamiento. Entonces, lo que hoy se denomina el problema mente-cerebro, era formulado en términos del problema de la relación entre alma y cuerpo (4,5). Dicho problema de la relación mente-cerebro, ha sido y es una cuestión fundamental que ha determinado la manera de plantear la cuestión de la consciencia. Las teorías elaboradas sobre esta relación podrían clasificarse de forma esquemática en dos grandes grupos: las concepciones monistas y las dualistas; aunque también existen teorías que combinan ambas posturas (6). Estas concepciones se explicarán más adelante al tratar las diferentes perspectivas existentes.

Descartes (1596-1650), consideró la consciencia como la propiedad esencial de la mente, pues todo pensamiento, para ser considerado como tal, tenía que ser pensamiento consciente. Descartes, caracteriza las diferentes formas de pensamiento por una característica común, que es la consciencia, ya que considera que el pensamiento es todo lo que tiene lugar en nosotros cuando somos conscientes de ello y dicho pensamiento es lo que nos daría la prueba de nuestro existir (1). Para este autor, además, la consciencia es un factor que unifica los estados mentales en un único lugar mental, al que llama ego. Además, la consciencia sería, para él, la base de la certeza y de la racionalidad, motivo por el que este autor cree haber encontrado un principio epistemológico fundamental (7).

Descartes al sistematizar en su Discurso del Método la separación entre dos sustancias que considera diferentes, la res cogitans (mente) y la res extensa (que es un concepto aplicable al cuerpo). Ambas sustancias interaccionarían entre sí en la glándula pineal (1).

Descartes, mediante sus planteamientos, sienta las bases para una perspectiva dualista, de tipo interaccionista. Su visión dualista tendrá una gran influencia en el pensamiento filosófico posterior y en el de otras disciplinas que han tratado de estudiar y comprender la consciencia. La consecuencia es, por ejemplo, que se hayan generado distintas orientaciones filosóficas que pretenden explicar por separado las realidades del pensamiento (la mente o la consciencia), y los mecanismos neurobiológicos o corporales que sostienen la actividad mental o de la consciencia (4).

En épocas posteriores, se mantiene el dualismo, lo que lleva a la búsqueda de la relación entre cuerpo y mente. Incluso se ha llegado a decir que el dualismo “ha permanecido siempre en el transfondo de la teorización posterior sobre la mente” (p.20) (1).

Pero no todos los autores posteriores mantienen posturas dualistas. Por ejemplo, Spinoza (1652-1677) rechazará el dualismo de Descartes, considerando que la mente es el resultado de los procesos cerebrales y unificando mente y cuerpo como una misma cosa (4), lo cual supone incurrir en un monismo materialista.

En el siglo XVII, John Locke (1632-1704) considera que la consciencia es indispensable para el funcionamiento de la mente, sobre todo la consciencia que uno tiene de sí mismo. Por lo tanto, la experiencia interna de la mente sería la base del propio conocimiento. En esa época, se consideraba que los procesos de la mente eran transparentes para el propio sujeto, por lo que cualquier actuación de tipo inconsciente era descartada. Esta idea lleva a Locke al problema, de cómo pueden estar presentes los recuerdos en la mente, sin estarlo a su vez en la consciencia de forma permanente (8). Su visión muestra, por otra parte, una psicología mecanicista, ya que postula que las ideas tienen su origen en la sensación, e intenta establecer un correlato orgánico entre la sensación y las ideas en relación con la misma (4).

Tomando otra perspectiva Leibniz (1646-1716), defiende un paralelismo entre la mente y el cuerpo (en donde se puede ver un cierto dualismo implícito similar al cartesiano pero no idéntico), de tal manera que la consciencia sería un reflejo de lo que ocurre en el cuerpo gracias a una armonía que ha sido preestablecida por Dios, pero sin necesidad de que se de una interacción entre ambos procesos en ningún lugar. Se dice que su propuesta es una propuesta psicofísica (4).

Encontraremos a partir del siglo XIX un intento de explicar la actividad mental en términos de procesos cerebrales, por ejemplo en Sechenov (1829-1905), que toma los movimientos reflejos como punto de partida para encontrar su explicación de lo que es la consciencia. También en autores como Titchener (1867-1927) encontramos las bases de una perspectiva reduccionista de la psicología, pues entiende que los procesos complejos se pueden explicar mediante su reducción a elementos de sensación básicos (4).

La cuestión de la consciencia va adquiriendo una gran relevancia dentro del ámbito de la psicología científica, que surge en el siglo XIX y que en su origen es definida como la ciencia de la consciencia, una definición que fue utilizada por autores como Wundt, Titchener o James, y que más tarde fue bastante criticada por el conductismo y otras escuelas externalistas (4). Wundt (1832-1920), consideraba que la psicología era un método de estudio científico de la experiencia interior e inmediata (es decir, de la consciencia). Además, defiende la idea de que los fenómenos mentales tienen un sustrato corporal que los explica (4). A diferencia de Descartes, que postula la existencia de dos realidades separadas (la corporal y la anímica) Wundt entiende que existe una sola realidad que se puede mirar desde dos puntos de vista (uno físico y otro mental) (4). Con este autor empieza la psicología científica, teniendo como objeto de estudio la consciencia, y siendo uno de sus objetivos, el diseccionar los elementos que la componen con el fin de explicar cómo se relacionan unos con otros. Una perspectiva a la que se llamó entonces estructuralismo (9). El método utilizado para el propósito señalado fue la introspección, que se evaluaba en respuesta a estímulos determinados. Además se buscó una correlación entre consciencia y cuerpo, mediante el estudio de la fisiología, que se va a ocupar del estudio “físico” del organismo en relación con experiencias concretas (9). El estructuralismo estudia la consciencia como si fuera algo físico y usa para ello los métodos de las ciencias que estudian el mundo material, es decir, los métodos de las ciencias naturales. Crean así una psicología materialista que se acaba deshaciendo de la psique, y no rebasa el nivel de las potencias del alma porque estudian la consciencia como si fuera un objeto material. Aunque, es importante señalar como dato positivo de esta perspectiva que es el primer intento serio de estudiar científicamente la consciencia (10).

Como reacción frente al estructuralismo, surge el funcionalismo; especialmente contra el mecanicismo reduccionista de los estructuralistas. Su principal exponente va ser William James (1892-1963). Para James “la psicología es la descripción y explicación de los estados de conciencia como tales, entendiendo como estados de conciencia las sensaciones, deseos, emociones, conocimientos, razonamientos, voliciones, etc.” (p.49) (9) coincidiendo en este punto en la centralidad de la consciencia para la psicología, al igual que hace Wundt. James reconoce la necesidad de llevar a cabo una investigación empírica sobre la consciencia, pero dentro del presupuesto cartesiano de que la consciencia es experiencia (7). También se ha considerado que el funcionalismo es una psicología fenomenológica, que estudia la consciencia desde dentro, dedicándose a observar y a describir sin limitarse a establecer relaciones entre estímulos y reacciones físicas, sino observando y describiendo el curso espontáneo de la consciencia (10).

Franz Brentano (1838-1917), es un autor que se ha relacionado también con el funcionalismo (10). Su aportación fundamental será que la consciencia tiene como condición necesaria la intencionalidad, en el sentido de que está dirigida hacia algo que determina su contenido. Para Brentano, la consciencia es también algo intrínseco a todo estado mental (7)

Con la idea de fondo del positivismo lógico, de que cualquier postulado debe ser apoyado por elementos observables y cuantificables, surge el conductismo. El estudio de la mente y por tanto el de la consciencia, queda relegado en este momento del campo de estudio por el estudio de la conducta del ser humano. El interés por los procesos internos desaparece, con el pretexto de que hay una correlación nítida entre la conducta observable y el pensamiento (8). Así que esta perspectiva conductista, lleva a desterrar la consciencia del discurso científico (11), algo que ha repercutido en la psicología, desde los orígenes del conductismo hasta la actualidad, en muchos de los ámbitos de estudio científico de la psicología.

Posteriormente los modelos cognitivos sí tendrán en cuenta la consciencia, pero tienen poco que ofrecer en relación con el lado experiencial o fenoménico de la experiencia consciente; pues por ejemplo, no explican los procesos necesarios para equilibrar nuestro cuerpo al caminar o para articular las palabras al hablar (que tienen que ver con procesos no conscientes) (11).

Como reacción contra el dualismo, hay diferentes autores relacionados con la filosofía de la mente, que hacen críticas a la visión cartesiana. Tal es el caso de Dennet que usa la metáfora del “teatro cartesiano”, que sería un lugar oscuro en el centro de la mente/cerebro donde tienen lugar los acontecimientos mentales, y especialmente los fenómenos de consciencia. Este lugar es donde se realizaría de manera incomprensible la relación entre el cuerpo y la mente, según la visión del dualismo cartesiano. Dennet resuelve el dualismo, con la tesis de que la sustancia pensante es el cerebro, del que serían las funciones mentales. Y señalará que el error de Descartes es pensar que haya un lugar para la interacción entre mente y cerebro (1).

Otro autor que critica a Descartes ha sido Gilbert Ryle. Este autor critica tanto el dualismo ontológico como el epistemológico de Descartes. En el dualismo ontológico, se defendería una visión de la realidad y del hombre, en dos ámbitos radicalmente distintos: lo extenso (que se da en el espacio) y lo pensante (que se da sólo en el tiempo). En el dualismo epistemológico hay una distinción entre conocimiento externo y el conocimiento interno (al que se accede por introspección). Para Ryle el error tendría que ver con caer en “el dogma del fantasma de la máquina”, considerándolo el resultado de un error categorial, que consistiría en aplicar algo a una categoría que no le corresponde, lo que generaría un sinfín de errores. En error de Descartes, sería considerar que la mente, por analogía con el cuerpo, obedece a las leyes físicas y funciona de la misma manera y de ahí surge el problema de encontrar un lugar físico de interacción entre cuerpo y mente. Así que lo que haría sería considerar la mente en la misma categoría que el cuerpo, lo que le llevó a no conceptualizar adecuadamente la sustancia pensante y dio por supuesto que la relación entre ambas sustancias podía explicarse de forma mecanicista. Para Ryle, cuerpo y mente no son términos del mismo tipo lógico. Finalmente, Ryle procura resolver el problema con la idea de que la mente consiste en un conjunto de disposiciones para el comportamiento, que corresponderían a los diferentes estados y procesos mentales. Acepta la existencia de procesos mentales entendidos en el sentido de disposición de conducta, pero niega que existan de tal manera que son pertenecientes a un mundo similar al de los procesos físicos (1).

Propiedades de la consciencia

La consciencia se suele entender como lo psíquico en general, y más concretamente como la experiencia subjetiva consciente. También se la describe como la capacidad de conocer, y dentro de ella se entiende la inteligencia como el máximo nivel posible de consciencia. La afectividad es otra forma de consciencia que sería la consciencia de la repercusión del mundo sobre nuestro organismo (lo agradable o lo desagradable). También se reconoce en las manifestaciones más elementales de la vida (reflejos, etc.) y sobre todo en conocer la significación del estímulo a través de un conocimiento más primitivo que sería un conocimiento esencialmente afectivo (10). Como contraposición a esta visión descriptiva en la que se la consciencia como objeto de estudio, Edelman y Tononi (11) dirán que la consciencia “no es un objeto, sino un proceso” (p.21).

Hay autores que han considerado que la consciencia es un término difícil de definir, porque “es una evidencia que se alcanza mediante la intuición” (p.70) (12). En consonancia con esta idea de su dificultad para ser definida muchos autores, como Crick, Chalmers o McGinn, que se han dedicado al tema de la consciencia, señalan que la misma no deja de ser un misterio. A pesar de existir diferentes definiciones, para distintos autores, aún queda por definir de manera precisa que es la consciencia. Pues aunque tengamos en general, una idea aproximada de lo que significa, no sabemos muy bien lo que es, ni en qué consiste exactamente su funcionamiento. Incluso, hay autores como Crik y Koch que afirman que no tiene sentido hacer una definición de la consciencia hasta que no sepamos lo que es científicamente, pues consideran que no hay una definición más fiable que la científica. Aunque el problema también podría ser que la consciencia no es un descubrimiento científico (1).

Para Baars la consciencia es concebida como el escenario de un teatro, que transcurre en nuestro interior. En dicho escenario sería donde la información procedente de diferentes fuentes se integra para el control de la conducta (11). Esa comparación de la consciencia como un teatro está también presente en Ryle y mucho antes en Hume, quién afirma que la mente es una clase de teatro, en el que aparecen persas percepciones de manera sucesiva. Para Ryle la consciencia tiene que ver con darse cuenta de los supuestos ocupantes del propio escenario privado (1).

Según Descartes, la consciencia, aparte de ser una cualidad esencial y central de la mente, sería como un haz de luz que iluminaría los objetos que se dan dentro de la mente (7).

En nuestra propia experiencia, la consciencia se presenta como un “todo” que engloba nuestra relación tanto con el exterior, como con nosotros mismos. Es en ella en donde encontramos, por ejemplo, nuestros pensamientos, fantasías y sensaciones sobre el mundo exterior. Se dice, además, que creemos que nuestra consciencia personal “constituye la totalidad de nuestro mundo” (p.13) (13), pues gracias a ella tenemos consciencia de lo que ocurre a nuestro alrededor y de quienes somos y pensamos, por otra parte, que nuestra consciencia personal es una representación objetiva de la realidad externa; algo que no parece ser del todo cierto, pues no estamos conscientes de lo que pasa en todo momento en nuestro alrededor o incluso en nosotros mismos. Normalmente se da un filtrado de contenidos que acaban constituyendo nuestra experiencia consciente. De alguna manera en la consciencia se dan estos filtros de una forma automática, es decir, que no nos estamos dando cuenta de cómo se produce dicho proceso de filtrado; pero también se pueden dar de una forma controlada, pues decidimos a qué prestamos preferentemente nuestra atención. Por lo tanto, la consciencia, se ocuparía de la selección de las diferentes posibilidades que se nos presentan en cada momento de forma simultánea y de forma automática o controlada. William James, que fue uno de los principales estudiosos de la consciencia, hace una distinción entre el procesamiento automático y el procesamiento controlado de la información. Ambos dependerían, de forma directa, del ambiente externo en el que una persona se desarrolla. (13). Así, la consciencia, se ocupa de la selección de las diferentes posibilidades que se nos presentan en cada momento de forma simultánea. Esta selección estará controlada por la atención, de tal forma que solamente acceden a la consciencia aquel estímulo al que se ha atendido (14)

En cada momento, las personas estamos rodeadas de un gran numero de estímulos, de los cuales, se seleccionan primero aquellos que corresponden a las modalidades sensoriales que tienen interés para la consciencia personal. Se crean así diferentes filtros que dejan pasar principalmente los estímulos relacionados directamente con nuestra supervivencia, creados no sólo por la naturaleza de nuestros sistemas sensoriales, sino también de factores como la experiencia personal o la cultura. En palabras de R. Ornstein (1979) “nuestra consciencia personal no es un registro completo y pasivo del mundo externo, sino una construcción personal altamente selectiva encaminada primordialmente a la supervivencia biológica del inpiduo” (p.37) (13).

Es a partir del conjunto de los estímulos que han pasado los diferentes filtros de la atención, como construimos una consciencia estable. Así tenemos que esta consciencia, es el resultado del filtrado, una posible construcción, que podemos cambiar simplemente modificando la manera en la que la construimos nuestra manera de prestar atención a la realidad (13). Habría una relación directa entre la función selectiva de la consciencia y nuestra capacidad de atención (15).

Por otra parte, dentro de la consciencia, podemos también “jugar” con la información recogida en el exterior, imaginando nuevos paisajes o situaciones; podemos combinar los diferentes estados produciendo diferentes combinaciones posibles (11).

También es importante señalar que nuestra consciencia inpidual no es estable totalmente, pues nuestros prejuicios y suposiciones van cambiando, al igual que nuestras necesidades e intenciones (13).

William James consideró la consciencia como un proceso privado, selectivo y continuo pero en constante cambio; además de ser de naturaleza personal y unitaria, pues mantiene su unidad y coherencia en medio de la numerosa información a la que accede (10).

Para James (15), la consciencia funciona de tal manera que habría una sucesión constante de distintos estados mentales. A esta sucesión la llamaría el flujo de la consciencia y poseería cuatro características:

• Cada estado tiende a ser parte de una consciencia personal.
• Los estados están siempre cambiando dentro de cada consciencia personal.
• Existe una continuidad en la consciencia.
• La consciencia es selectiva, esto es, de toda la información que recibimos a cada momento, seleccionamos una parte.

William James planteó ideas relacionadas con otras propiedades posibles de la consciencia como la de la medida de amplitud de un “latido de conciencia” (amplitud de memoria a corto plazo) y la de una teoría computacional de la consciencia como favorecedora de la supervivencia, mediante el cumplimiento de los propósitos principales del inpiduo. Según este autor, la consciencia lucha entre dos funciones: la función primaria de “leer el estado corporal” (en la que entrarían sensaciones como la percepción del dolor, la propiocepción, etc.) y la función de la introspección. (15).

Según Rosenthal (16), con el término consciencia nos referirnos a tres fenómenos diferentes:

- La consciencia como propiedad, siendo este el término más utilizado por todos. Esta idea se refiere al hecho de que una persona está normalmente despierta y disponible para la estimulación sensorial. En este sentido la consciencia es una capacidad que poseen algunos seres vivos.
- La consciencia como acto de darse cuenta de algo. Se puede ser consciente de esta forma de algo que captamos mediante nuestros sentidos, o de algo que se nos presente como un pensamiento. Rosenthal denomina a esta consciencia como transitiva, ya que hace referencia a un objeto.
- Las percepciones y pensamientos que se nos presentan al ser conscientes de algo, también se nos pueden presentar de forma “inconsciente”. Esta percepción no consciente es más una propiedad de los estados de consciencia del sujeto que se encuentra en esta situación. Esta distinción entre estados de consciencia conscientes y no conscientes, se mantuvo paralizada hasta mediados del siglo XIX. Hasta entonces Descartes había afirmado que no es posible que tengamos ningún pensamiento del cual no seamos conscientes mientras esté en nosotros.

En el proceso de darnos cuenta de algo, sabemos que nos damos cuenta de lo que sucede en el mundo externo, pero también nos damos cuenta de lo que sucede dentro de nosotros, de lo que pensamos, sentimos o experimentamos, como ya ha se ha señalado de las ideas de Rosenthal. Además, de ese darse cuenta espontáneo, se da otro tipo de fenómeno que se ha denominado insight. Este término significa literalmente “ver adentro” y se define como un fenómeno que tiene que ver con la resolución de un problema, que se incubado durante un tiempo, con una idea que surge de forma imprevista, y es vivida como experiencia interior, que permite volver a ver el problema en su globalidad, alcanzándose en unos segundos la solución buscada (17).

Podríamos también tener en cuenta que al querer comprender nuestra propia experiencia inpidual como observadores conscientes, pretendemos saber como se están generando las cualidades subjetivas experienciales. Pero sabemos, por otra parte, que ninguna descripción, por muy detallada que sea, logrará nunca explicar cabalmente la experiencia subjetiva, pues no hay nada que pueda sustituir a la experiencia real, por mucho que pretendamos explicarla, nunca podrá haber una descripción suficiente que explique la experiencia fenoménica de la primera persona y ninguna explicación científica puede sustituir a un fenómeno real. La consciencia tiene la característica especial de que el observador y lo observado parecen ser lo mismo y por ello no podemos tomar una distancia que permita una mayor objetividad, como podemos hacer con el mundo de los objetos externos. Por ello parece que es necesaria una nueva perspectiva para poderla observar (11).

Hay, por otra parte, autores que distinguen diferentes tipos de consciencia. Uno de los modelos más conocidos es el de Block, que distingue entre consciencia fenoménica, consciencia monitora, consciencia de acceso y consciencia del yo, que se explican a continuación (1):

1. La consciencia fenoménica tendría que ver con la forma en la que experimentamos nuestras sensaciones, percepciones y sentimientos. Es decir, sería la consciencia de las características de nuestra experiencia en cuanto tal.
2. La consciencia monitora tendría dos formas, la primera estaría en relación con la introspección y la segunda con acompañar un estado mental determinado con uno de nivel más alto (que sería la propiedad de ciertos estados mentales).
3. La consciencia de acceso sería la de los estados mentales que tienen las características: una representación de su contenido que sea utilizable como premisa de un razonamiento, para el control racional de la acción y para el control racional del habla. Su contenido es representacional para ser usada para las acciones citadas. Esta consciencia es necesariamente intencional (se dirige a un contenido), mientras que la fenoménica puede no serlo. La noción de esta consciencia es funcional, pues depende del contenido de los estados mentales y se puede definir en términos de un programa de ordenador.

Otra distinción, es la que se ha establecido entre la consciencia fenoménica y la consciencia representacional, proposicional o de contenido. La consciencia fenoménica se caracteriza por “un percatarse subjetivo, por la sentiencia, la sensación, la apariencia, la experiencia” (p.391) (7); sus propiedades tendrían que ver con cómo se experimentan subjetivamente las cosas del mundo, con unas cualidades a las que se ha denominado qualia, que tendrían que ver con las experiencias en sí mismas, vividas de una manera inmediata. A pesar de la existencia de una definición, se dice que se da una perplejidad fundamental que nos impide comprender su naturaleza. La consciencia representacional nos proporciona el acceso a la información o al contenido de los estados mentales y es fundamental para el control del pensamiento racional de la acción y del lenguaje y tiene una naturaleza funcional en relación a un sistema (7).

Perspectivas fundamentales en el estudio de la consciencia

El estudio de la consciencia ha sido abordado, como ya se ha señalado, desde múltiples perspectivas, que han tratado de explicarla y describirla. Según Edelman y Tononi (11) la psicología siempre tuvo problemas para situar la consciencia, dentro de un marco teórico aceptable, a pesar de que la consciencia era su tema central.

Con respecto a la consciencia, ha ido variando tanto su definición, según la perspectiva adoptada, como el método de estudio de la misma. Algo directamente relacionado con cómo se plantea la relación mente-cerebro. A esto se añade la dificultad de que su estudio ha sido abordado desde diferentes disciplinas, dentro de la psicología y de la filosofía, sin un diálogo o interacción constructiva entre las mismas.

A continuación se hará una descripción de los elementos más importantes de las principales perspectivas que estudian la consciencia en la actualidad.

.- Monismo materialista o fisicismo

En esta perspectiva, se postula que sólo existe una forma de realidad, que sería la realidad material, o bien, si atendemos a corrientes diferentes del materialismo radical (pero todavía materialistas), que también existen los procesos mentales, pero estos son irrelevantes a efectos causales con respecto al mundo físico (6). En cualquier caso, no hay una diferenciación entre lo mental y lo físico, de tal forma que los estados mentales y sus propiedades, procesos y operaciones serían en principio idénticos a los estados físicos y sus propiedades, procesos y operaciones (18).

Podemos incluir dentro del monismo materialista a todas las perspectivas que tratan de explicar la consciencia desde la neurobiología. En ellas, se defiende que el estudio de la estructura y funcionamiento del cerebro aportará datos fundamentales que nos ayuden a comprender el fenómeno de la consciencia (19).

Un ejemplo, es el intento de Crick y Koch de resolver el problema de la consciencia sólo con explicaciones a nivel neuronal, es decir, tratan de encontrar el correlato neuronal de la consciencia. Estos autores, proponen que una de las funciones de la consciencia tiene ver con presentar el resultado de varias computaciones subyacentes, lo que supondría un mecanismo de atención que se produciría a nivel neuronal mediante la sincronización de neuronas con oscilaciones de unos 40 hertzios. A pesar de tratar de hallar una explicación a de la consciencia a través de la neurobiología, estos autores señalan que el problema de la consciencia sigue siendo uno de los principales problemas no resueltos de la ciencia moderna (1).

Patricia Churchland también ha planteado la posibilidad de reducir el estudio de la consciencia al estudio del cerebro, mediante, la creación adicional de una teoría psicológica más refinada. En su teoría señala de forma explícita la necesidad de no buscar fenómenos mentales en otro lugar que no sea el cerebro (1).

Edelman también está en esta perspectiva, pero con teorías de la consciencia de una mayor complejidad que las de Crick, en las que introduce cuestiones como la concepción del funcionamiento del cerebro de un modo selectivo-evolutivo, en tres niveles: en el desarrollo biológico, mediante la experiencia (que permite la incorporación de nuevas conexiones) y en la dimensión de re-entrada o de comunicación en ambas direcciones (19)

Otro autor importante dentro de estas perspectivas es Roger Penrose, que pretende aplicar los principios de la física cuántica a la comprensión del funcionamiento de la consciencia, para poder justificar una superposición de estados alternativos. Estos fenómenos cuánticos de computación se producirían en el citoesqueleto neuronal que formaría una especie de red que controlaría la actividad del cerebro (1).

Por su parte, Searle plantea que la mente es una cualidad o propiedad del cerebro, pero no puede ser explicada en términos neurobiológicos. Searle pretende encontrar una explicación científica de la consciencia, pero a la vez rechaza que la objetividad científica pueda aportar nada relevante sobre la misma, por lo que busca una objetividad diferente a la científica, que podría ser el de la subjetividad y el de la apariencia, ya que la ontología de los estados mentales es una ontología en primera persona, que es diferente a la de los hechos físicos, y por lo tanto han de estudiarse de otra forma, aunque en última instancia, los estados mentales sean estados físicos. Para estudiar esos estados mentales, se deben usar métodos indirectos (mediante el estudio de la conducta y registros fisiológicos subyacentes) (19), lo que en definitiva, es hacer lo mismo que se hace desde otras perspectivas abiertamente neurobiológicas, sin dar una alternativa para entender la consciencia.

Los eliminativistas de la consciencia tomarán una posición algo diferente, pues deciden prescindir de los componentes subjetivos de la consciencia, siendo para ellos la única forma de establecer un estudio sobre la mente es a través de la neurociencia, pues establecen un paralelismo entre la vida mental y el cerebro físico. Dentro de esta corriente, la consciencia queda desplazada del campo de estudio científico, al igual que fenómenos como la subjetividad o los sentimientos internos (20). Por ejemplo para Churchland, nuestra concepción de sentido común sobre los diferentes fenómenos psicológicos, sería algo falso, siendo lo relevante la objetivación de un estado neurológico y no lo que el sujeto cuenta de su estado mental, pues esto sería algo “altamente superficial” y por lo tanto prescindible (1). Esta perspectiva, no niega la existencia de componentes subjetivos de la consciencia, por lo que se puede considerar como un materialismo no radical (6).

Otra posición dentro del materialismo, sería la del epifenomenalismo que atribuiría interioridad tan sólo a las formas superiores de vida. En este caso, los procesos mentales se consideran causalmente irrelevantes (6).

Todas estas posiciones que tratan de explicar la consciencia mediante la neurobiología, también se pueden encuadrar dentro de las posiciones estructuralistas, pues la estudian como si fuera algo físico y usan para ello métodos de las ciencias que estudian el mundo material.

.- Dualismo

Descartes, como se ha señalado previamente, es considerado el padre del dualismo, por ser el primero en sistematizar las relaciones mente cerebro desde el punto de vista del dualismo.

Las concepciones dualistas o pluralistas, “defienden la existencia de dos o más realidades irreductibles entre si y no subordinadas, que sirven para la explicación del mundo”, es decir, se afirma la existencia de dos sustancias o formas de realidad (6). Ya se han señalado previamente pensadores que han apuntado en esta dirección.

La mente se presenta como una sustancia no material, en contraposición al cuerpo. El problema que surge de este planteamiento es cómo explicar el hecho de que una substancia inmaterial pueda ser la causante de eventos físicos. A este respecto, podemos encontrar diferentes soluciones propuestas por distintas corrientes de pensamiento (18).

Un ejemplo, no mencionado, de las posturas dualistas es el modelo de Popper y Eccles que defienden la existencia de un dualismo interaccionista en el que tratan de reconciliar la ciencia con la filosofía, rechazando cualquier tipo de reduccionismo. Pero su modelo de integración se queda encerrado en las limitaciones que tiene la racionalidad discursiva en la etapa del desarrollo de la consciencia, que según Piaget correspondería a la inteligencia operacional formal; pues consideran que la consciencia no tiene una posibilidad de avanzar más allá (6). Hay otras teorías interaccionistas que son monistas (6), pero que tienen una menor repercusión que la señalada.

.- Funcionalismo

Habría dos perspectivas principales dentro del funcionalismo. La primera sería la que surge como reacción ante el estructuralismo, ya explicada previamente, dentro de la que el principal exponente es William James. La segunda perspectiva, estaría más bien relacionada con el tratar de analizar el funcionamiento de estudio de los procesos mentales y de su funcionamiento para adaptarse al ambiente. Los procesos mentales, desde esta perspectiva se concebirían como instrumentos para conseguir una mejor adaptación al ambiente (21).

Para los funcionalistas la consciencia es un elemento destinado a garantizar la supervivencia de los inpiduos, ayudándoles a emitir las respuestas más adecuadas en cada situación. La consciencia estaría constituida por tres elementos: estímulos sensoriales (input), cambio de estados mentales (procesamiento) y conducta final (output). De ellos el más importante es la conducta final resultante (output) (9).

.- Modelos computacionales

En la actualidad se han creado modelos computacionales que interpretan el funcionamiento de la mente en términos relacionados con la informática, considerando que funciona como si fuera una computadora que tendría entradas y salidas de información y persos módulos que llevan a cabo procesos diferentes. Los módulos se consideran como cajas negras, cuya constitución se desconoce, pero que se las conoce según se va conociendo su mecanismo operativo (7). Estos modelos, adoptan una perspectiva similar a la funcionalista, pero enfocándola a equiparar el funcionamiento de la consciencia con el funcionamiento de una computadora.

.- Consciencia como misterio

En la actualidad hay dos perspectivas diferentes que consideran la consciencia como misterio (20). Son las siguientes:

Consciencia como misterio insoluble: esta postura se sustenta en la idea de que no poseemos capacidad intelectual suficiente para poder dar un significado o una explicación objetiva de la consciencia. Pues aunque sí podamos acercarnos a ella desde un enfoque neuropsicológico objetivo, nunca podremos sistematizar las experiencias subjetivas que la componen. Uno de los filósofos que sostienen esta teoría es Thomas Nagel.

Problema del misterio de la experiencia: el misterio de la consciencia radica, no en el aspecto funcional de esta, aspecto del cual puede ocuparse la ciencia cognitiva sin ir más allá, sino en el problema de la experiencia. Dicha experiencia sería un proceso totalmente subjetivo, que se produce simultáneamente al procesamiento de información que tiene lugar cuando percibimos algo o pensamos. Aparece aquí una crítica al funcionalismo, que no puede dar una explicación al fenómeno de la autoconsciencia.

Es Chalmers el que distingue entre estos dos tipos de problemas (los que pueden ser analizados por la ciencia cognitiva y los que no pueden ser explicados por esta), y para el cual, aunque la consciencia tenga una causa material, es un fenómeno no material y no deja de ser un misterio (22).

.- Pampsiquismo.

El pampsiquismo, por su parte, sostiene que cada una de las unidades principales del mundo físico (partículas o incluso campos de influencia) posee consciencia en el sentido de tener algún “vago sentimiento” sobre su propia existencia y su intercambio de influencia con otras sustancias. Los objetos no son concientes en sí, sino las sustancias que lo componen. Respecto al cerebro humano, sería conciente en dos sentidos, primero por la consciencia de los elementos que lo componen, y segundo por la consciencia del cerebro como un todo (23). Esta idea está implícita en autores como Teilhard de Chardin o Paracelso o en pensadores orientales y hoy en día en visiones panteistas de la realidad.

.- Fenomenología

Husserl es uno de los creadores de este método fenomenológico y lo describe como el estudio reflexivo de la esencia de la consciencia, como experimentada desde el punto de vista de la primera persona (es decir, desde dentro del mundo inpidual interno, en él uno se miraría a sí mismo desde sí mismo). Para Husserl, la fenomenología no es conocimiento en sentido verdadero, sino un mirar espiritual desde nuestro interior, mediante introspección; y sería también un método intuitivo, en el que nos desprendemos de esquemas preconcebidos o cualquier explicación a priori sobre las causas o consecuencias de lo que ocurre internamente; para poder ver así la consciencia tal como es. La fenomenología sería por tanto, la ciencia descriptiva de la consciencia y de sus actos (24). Lo que propone Husserl es un método que nos ponga en contacto directo con la realidad, con las cosas mismas, antes de cualquier razonamiento. En ese proceso veremos que los fenómenos, aunque se nos presenten por mediación de los sentidos, siempre aparecerán provistos de un sentido o una esencia (12).

La fenomenología se ha propuesto como un método de estudio de la consciencia que tal y como señala Wilber (24), se desarrollaría cuando la primera persona tiene experiencia de la primera persona. Esto consistiría en que el yo se miraría a sí mismo desde dentro, o dicho de otra forma, sería una experiencia de mirar dentro de la propia mente. Favoreciéndose así una posibilidad de un mayor insight. Este tipo de experiencia, sería algo que se podría fomentar en ciertos estados meditativos o técnicas de hipnosis, dirigidos al autoconocimiento y la autocomprensión (24).

.- Heterofenomenología de Dennett

La heterofenomonología de Dennett propone que el estudio de la consciencia se realice de tal manera que se pueda objetivar la subjetividad. Dennet rechaza la idea de que la consciencia sea un misterio y afirma que puede ser estudiada con objetividad desde la perspectiva de la tercera persona (la que normalmente adopta la ciencia ante el mundo físico), de tal manera, que se puede tomar una actitud de imparcialidad ante las descripciones que otro sujeto pueda darnos de los fenómenos de su consciencia, para poder saber qué es lo que sucede exactamente dentro de su consciencia (25).

.- Modelos integradores de la consciencia

Uno de los autores más conocidos, que tratan de dar un enfoque que integre perspectivas en el estudio de la consciencia es David Chalmers, que aunque señala que el estudio de la consciencia sigue desafiando toda explicación objetiva, trata de buscar una aproximación más global al estudio de la misma. Para este autor habría dos componentes fundamentales de la consciencia, a tener en cuenta, uno físico (del que se encargaría la neurobiología) y otro experiencial, de tal forma que cada estado tendría un aspecto interior/intencional y otro exterior/físico. Para Chalmers, todas las aproximaciones fisicistas sobre lo que es la consciencia, sólo resuelven los problemas fáciles, manteniendo intacto el misterio central de lo que es la consciencia (22,26). Según algunos autores, esta perspectiva de Chalmers sería un dualismo de propiedades, en el sentido de que entiende que la experiencia consciente incluye ciertas propiedades que no pueden deducirse de las propiedades físicas (1).

Otra propuesta relevante, sobre lo que es la consciencia, es el planteamiento integral de Ken Wilber. Un autor que basa su modelo en el supuesto de que cada perspectiva, sobre lo que es la consciencia, tiene algo irremplazable que ofrecer que puede ser integrado en una visión más global y abarcadora de lo que es la consciencia. Para ello es necesario considerar las siguientes dimensiones de la consciencia: la intencional (experiencia interior), la conductual u objetiva (mundo observable por la ciencia empírica), la funcional y la social. Además, este autor busca integrar los conocimientos sobre la consciencia que se han desarrollado por la ciencia y filosofía occidentales, con los conocimientos sobre el trabajo y experimentación con la consciencia que se han desarrollado diferentes tradiciones orientales. En estas tradiciones se ha estudiado la consciencia desde la experimentación con la misma, desde una disciplina y trabajo interior que se consiguen mediante la práctica de diferentes técnicas de meditación (26).

Conclusión

Parece que, aún estando clara la relevancia del tema de la consciencia, aún quedan cuestiones por clarificar y resolver, como la cuestión de su definición precisa y sus características fundamentales y el problema de la relación mente-cerebro, que sigue siendo un tema pendiente en muchos de sus aspectos. De todo ello podemos deducir que requiere un estudio aún más riguroso y profundo, para que aumentemos nuestra comprensión de lo que es un ser humano y que facilite la mutua comprensión y diálogo entre las diferentes perspectivas, de cara a una mejor profundización en el conocimiento de lo que es la consciencia y por lo tanto de lo que es la mente humana.

Parece, por otra parte, que resulta importante conocer la multiplicidad de perspectivas existentes, para poder llegar a construir algún día un modelo integrador o global de lo que es la consciencia, más completo y abarcador que los ya existentes.

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