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¿Existe la persona para la
psiquiatría?

Mª Isabel Rodríguez Fernández.

Trabajo presentado en el 6º
Congreso Virtual de Psiquiatría (2005)
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Resumen
La
psiquiatría en su afán por estudiar
científicamente la enfermedad mental, sus
manifestaciones, sus causas, clasificaciones,
tratamientos más adecuados aplica una
metodología que es la que considera más adecuada
en cada circunstancia para mantener un rigor
científico y hacer extrapolables los datos
obtenidos a la población general y esto es
evidentemente necesario. Pero en este estudio
del ser humano y sus patologías psíquicas puede
incurrir en el error de olvidar a la persona
confundiéndola con la suma de sus partes o
quedarse sólo con una parte como puede ser la
biológica, la conductual, las dinámicas
intrapsíquicas, etc. La psiquiatría puede en
ocasiones incurrir en el error de obviar la
visión de la totalidad, de ignorar la
complejidad de la persona en todos sus elementos
que se manifiestan en una interacción permanente
que aún es un misterio saber cómo se produce
para dar lugar a las manifestaciones del
psiquismo o yendo a un nivel más simple aún no
hay una respuesta clara para entender cómo se
producen los fenómenos psíquicos si nos quedamos
en estudiar sólo la dimensión biológica de la
persona o sólo los pensamientos, las emociones,
o las conductas entre otros. Si no tomamos
conciencia de nuestras limitaciones como
científicos y la inmensidad del campo que aún
nos queda por explorar y comprender es posible
que nuestra actitud no sea ni siquiera
científica por perder la honestidad en la
búsqueda de una visión rigurosa de la realidad
que se nos manifiesta.

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La psiquiatría
en su afán de seguir una metodología
científica, trata de entender el proceso
de la enfermedad mental, de buscar las
causas que la producen, de encontrar una
clasificación adecuada de los trastornos
mentales, de buscar tratamientos
eficaces, etc. Su objetivo, entre otros,
es tratar de estudiar la enfermedad
mental para combatirla eficazmente,
aplicando para ello una metodología
científica determinada. Una vez aplicada
dicha metodología, se indaga en los
resultados para comprobar si nos dan
alguna respuesta a las hipótesis que nos
planteemos inicialmente, para así ir
avanzando en el conocimiento y
comprensión de lo que es su objeto de
estudio. ¿Pero cuál es su objeto de
estudio? ¿Sólo la enfermedad mental? ¿O
lo es la persona y sus padecimientos? ¿Y
es la persona un mero objeto de estudio
científico? ¿Se puede estudiar a la
persona cómo se estudia a los objetos?
¿Vemos al paciente como realmente es? ¿O
simplemente proyectamos sobre él
nuestras teorías y expectativas? Estas
son algunas de las preguntas que podemos
plantearnos al reflexionar sobre lo que
es la psiquiatría y sus objetivos, y
sobre todo al tratar de averiguar qué
significa la persona para el psiquiatra.
Gracias a la aplicación de una
metodología científica determinada hemos
avanzado respecto a tiempos previos en
los que la enfermedad mental se achacaba
a causas sobrenaturales, a la alteración
de los humores corporales, a la
vulneración de la ley divina, etc.; y al
ir buscando un rigor científico mayor la
psiquiatría actual se va decantando cada
vez más por las dimensiones más
controlables y estudiables a través del
método científico, es decir, las que
tienen que ver con la biología. Se trata
de buscar respuestas estudiando dicha
biología; se estudia el cerebro humano
para encontrar las causas de los
trastornos mentales y comprender las
conductas humanas. Lo que lleva a
posturas con frecuencia reduccionistas,
porque se centran exclusivamente en la
biología y sus alteraciones, ignorándose
otros aspectos de la persona enferma
como son sus experiencias subjetivas, su
biografía, sus relaciones sociales y
familiares, su visión del mundo, etc.
Aspectos que se han estudiado en más
profundidad en disciplinas más
“humanísticas” como por ejemplo la
filosofía, la antropología y la
sociología.
Esa forma materialista de estudiar
científicamente al hombre es
evidentemente válida para alguna de sus
dimensiones, pero insuficiente si nos
quedamos sólo ahí. Nos pone delante la
tentación de la seguridad, por estar
estudiando algo controlable y que
podemos entender intelectualmente,
dejando de lado lo que no podemos ni
pesar, ni medir, ni controlar. ¿Y dejar
de lado todo ello nos permite tener una
visión realmente objetiva de la
realidad?
Como afirmaba Jaspers “se identifica
falsamente la ciencia y las ciencias de
la naturaleza. Tanto más que algunos
psiquiatras acentúan el carácter
científiconatural de sus maneras de
conocimiento, especialmente allí donde
este falta de hecho (...). La ciencia
natural está limitada a la naturaleza
como manifestación somática, que es
casualmente captable. Ahora bien, las
ciencias naturales son fundamento y
elemento esencial de la psicopatología,
pero también lo son las ciencias del
espíritu, y por eso la psicopatología no
es de ninguna manera menos científica,
sino que es también científica de otra
manera” (Jaspers, 1999, p. 847)
Si sólo tenemos en cuenta la biología en
la psiquiatría caemos en una postura
reduccionista como el monismo
materialista o bien en el dualismo.
Buscar con verdadero rigor científico
supone tener en cuenta todos los
aspectos de aquello que se estudia. No
tiene sentido omitir nada y menos si esa
omisión se hace conscientemente o por
mera comodidad. Es necesario considerar
globalmente toda realidad que estudiemos
como científicos. En coincidencia con
esta idea, Llopis (1970), haciendo
referencia al perspectivismo orteguiano,
afirma que “el conocimiento de cualquier
realidad es tanto más perfecto cuanto
mayor sea el número de aspectos
parciales de tal realidad que podamos
sintetizar en él”. Para Llopis, “los
puntos de vista del filósofo y del
biólogo no son más que perspectivas
distintas de una misma realidad” (Llopis
1970, p. 335). En el perspectivismo
orteguiano la captación de la realidad
de las cosas cambia en función de la
posición del observador, pero también
según la estructura sensorial y las
capacidades emocionales e intelectuales
de los que observan (Llopis, 1970). Si
esto sucede al estudiar al hombre, ¿cuál
de las posturas que parecen
contradecirse entre sí es acertada? ¿es
posible integrar las verdades parciales
en una verdad más amplia teniendo en
cuenta las diferentes perspectivas? ¿y
todas las posturas son igualmente
válidas o hay criterios para saber
cuáles corresponden a la realidad
esencial del hombre? No es posible que
toda visión de la realidad sea válida,
porque entonces sería equivalente la
percepción delirante a la percepción
realista de las cosas y por ello tiene
que haber alguna manera de determinar
unos criterios mínimos de validez y
fiabilidad de los métodos para estudiar
a los seres humanos. Por esta razón hay
que establecer siempre una metodología
que sea lo más adecuada posible a la
realidad estudiada, lo que está
claramente definido en las ciencias de
la naturaleza pero no en las ciencias
que estudian a los seres humanos.
Al tener en cuenta diferentes
perspectivas se pueden considerar más
dimensiones aparte de la biológica como
son la social, la psíquica, la
espiritual. ¿Pero cuál es el método más
adecuado para considerar todo ello?
Otra forma de tener más dimensiones es
cuenta es considerando, por ejemplo, las
repercusiones de la enfermedad en la
vida de las personas que las padecen, su
sufrimiento, sus limitaciones, las
repercusiones que tiene en sus
relaciones interpersonales, en su mundo,
su biografía y la relación de esta con
su vida actual, etc. Por ser la
psiquiatría una disciplina que trata con
seres humanos, con personas tiene que
tener en cuenta todos sus aspectos,
tiene que considerar al hombre en su
totalidad en interacción con su mundo
interno (subjetividad, valores,
creencias) y externo (sociedad, familia,
entorno físico).
En sintonía con la idea de buscar una
visión más completa de paciente, Barcia
afirma que “las doctrinas elaboradas
sobre saberes positivos, biológicos y
psicológicos no pueden dar respuesta
cabal sobre la enfermedad humana, porque
la enfermedad es un acontecimiento que
afecta al hombre como tal, y los
estudios sobre la patología, tanto los
concebidos biológicamente como los de
índole psicológica, si bien nos dan
conocimientos sobre aspectos de la
“enfermedad humana”, poco o nada aportan
sobre qué es el “hombre enfermo”.
(Barcia, 2003, p. 11).
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Según Viktor
Frankl (1999) nuestra teoría
antropológica está presente en nuestra
práctica psicoterapéutica, lo que
también se podría afirmar la práctica la
psiquiatría. En la teoría antropológica
que asumamos, estaría nuestra visión de
lo que es un ser humano, que puede ser
contradictoria con otras imágenes que
muestran distintas escuelas
psicológicas. Para superar dichas
contradicciones Frankl propone una
apertura a una dimensión superior, “la
dimensión humana con sus fenómenos
específicamente humanos; sólo si
seguimos a la persona humana en esta
dimensión, es posible captar su
unicidad, así como su humanidad” (Frankl,
1999, p18). La misma idea la manifiesta
Demetrio Barcia, al afirmar que los
modelos que utiliza la psiquiatría deben
tener una fundamentación antropológica
que siempre subyace, aunque no sea
manifiesta, en cualquier doctrina
psiquiátrica. Pero citando a Max Scheler
y a Von Bertalanffy señala que la imagen
del hombre que se ofrece desde la
antropología es variable y
contradictoria; y en dicha imagen no se
ha encontrado una imagen válida del
hombre que conjugue todas las cuestiones
que se le plantean hoy en día a la
humanidad, en relación con la persona.
Las distintas imágenes del hombre que
tenemos son parciales y para unificar
los distintos hallazgos es necesaria
“otra perspectiva más global y
profunda”, lo que está en paralelismo
con las ideas ya mencionadas de Frankl.
Pero concluye que para llegar a una
dimensión superior o a una imagen más
completa del ser humano, es precisa la
“una reflexión epistemológica” sobre
quién es el hombre (Barcia, 2003).
Laín Entralgo también puso de manifiesto
la necesidad de basar el saber médico (y
por tanto el psiquiátrico) en una
antropología, sobre una teoría del
hombre, que al menos ha de explicitarse
(Barcia, 2003). Pero no hay consenso en
cuál es la antropología más adecuada
para abordar la tarea de la psiquiatría,
aunque sería más adecuada la que
considere más elementos de la persona,
por ser más realista.
La psiquiatría actual se olvida de la
persona en muchas ocasiones, ignora que
su objetivo es tratar a personas y no
tiene en cuenta que con quién está
tratando es con seres humanos que en
cuanto a su valor intrínseco son iguales
al psiquiatra que está en relación con
ellas. Se puede ver al otro, al
paciente, como un semejante que sufre y
no como un objeto para adoptar una
visión más realista de lo que está
sucediendo. No se puede ser un buen
psiquiatra sin un interés genuino por la
persona del paciente porque entonces no
se parte de una posición realista, sino
reduccionista.
También Jaspers ahonda en esta línea al
decir que “toda investigación distingue,
separa, toma algo singular e individual
como objeto y busca en ello lo general.
Pero aquello de que se separa, es en
realidad un todo” (Jaspers, 1999, p.
36).
La psicología existencial ya puso de
manifiesto las limitaciones de los
reduccionismos al criticar la tradición
positivista en psiquiatría y psicología
en la que se valora únicamente el método
empírico de validación del conocimiento
sin ser conscientes de que así pierden a
la persona, que sería mucho más que la
suma de las partes que se han estudiado
aisladamente. La psicología existencial
también señala la importancia de darnos
cuenta de que nos encontramos con una
persona que existe y es y no con un
sujeto abstracto o con un objeto.
Quieren descubrir a la persona viva.
(May y cols., 1977).
Como alternativa a los métodos
habituales utilizados en diferentes
ciencias que estudian a los seres
humanos, Husserl proporciona con su
método fenomenológico la posibilidad de
ir más allá del método de conocimiento
del ser humano y de trascender la
escisión sujeto-objeto y critica la
aplicación de los métodos de las
ciencias naturales en las ciencias que
estudian al hombre (Husserl, 1991).
Frankl (1988, 1999) propone también una
visión más global del hombre en su
ontología dimensional en la que propone
una visión de unidad del hombre a través
de la integración de verdades parciales.
Esta visión unitaria daría lugar a una
nueva dimensión como consecuencia de la
unión de las diferentes dimensiones y de
la vida exterior e interior, sería una
unidad en la multiplicidad o bien unidad
múltiple que definiría la existencia
humana. Según Frankl las escuelas
psicológicas no tienen una antropología
definida, clara, como tiene la
Logoterapia, ésta le da la dimensión
humana a la psicoterapia, le da la
dimensión antropológica que la
psicoterapia no tiene (González y
Villagra, 1999).
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Aportaciones de la filosofía
Aparte de lo que proponen diferentes
escuelas psicológicas y los diferentes
intentos de integración o de inclusión
de una visión antropológica, desde la
filosofía podemos ampliar nuestra
capacidad de captar al otro en su
totalidad; porque la filosofía se ha
dedicado desde hace siglos al estudio de
lo que es el hombre, su pensamiento y su
esencia. Y dentro de la filosofía el
existencialismo de Kierkegaard y la
filosofía personalista pueden aportarnos
una perspectiva más amplia y humana
De Kierkegaard nos pueden servir algunas
de sus ideas para ampliar nuestra visión
de lo que es un ser humano. Su
afirmación de que cada hombre posee algo
único e irrepetible, puede ayudarnos a
no generalizar y a no quedarnos
totalmente satisfechos con emitir un
diagnóstico sin más. En la idea de que
cada ser humano con el que nos
encontramos (sea o no un paciente),
también ahondó Viktor Frankl. En la
Logoterapia de Frankl cada uno es una
historia única porque pertenece a un ser
humano con unas características que sólo
se van a producir una vez, que no se van
a dar en nadie más en las mismas
circunstancias. Frankl dice que el
encuentro terapéutico es una ecuación
con dos incógnitas: la personalidad del
terapeuta y la personalidad del paciente
(González y Villagra, 1999).
También es importante la idea de
Kierkegaard de que el espíritu humano se
define más por relaciones personales que
por su relación con objetos (Burgos,
2000), la relación del psiquiatra con su
paciente no es una relación con un
objeto sino con un ser humano, es una
relación entre dos seres humanos que se
definen también a través de dicha
relación.
Otra aportación de Kierkegaard es que el
hombre es un proyecto abierto por la
capacidad de hacerse a sí mismo lo que
supone una capacidad de decisión libre y
que sus decisiones determinan su destino
(Burgos, 2000), si vemos esta capacidad
de libertad en el hombre es más fácil
infundirle esperanza en una realidad
positiva, esperanza en superar su
enfermedad o en el peor de los casos el
enfrentarse a ella con una actitud nueva
que le posibilite una mejor visión de si
mismo. Frankl también tiene esa visión
positiva de la capacidad del hombre de
ser libre ante las adversidades e
introduce el concepto de valores de
actitud como aquellos valores que
desarrollamos cuando no podemos cambiar
circunstancias adversas y decidimos que
actitud tomar ante las mismas (Frankl,
1988).
El personalismo nos puede enriquecer y
ayudar a tomar conciencia de lo que son
las personas, de cómo son sus
relaciones, sus intereses, cuál es su
valor y su dignidad y gracias a esto no
perder de vista el centro de aquello que
estudiamos (el ser humano) aunque
estemos concentrados en una de sus
moléculas o en los síntomas de una
enfermedad. Barcia señala que “si la
Medicina no parte de la consideración
del hombre como persona, es decir, si no
establece una antropología personalista,
no podrá ser plenamente médica” (Barcia,
2003, p.53). La persona es mucho más que
la suma de sus partes y el personalismo
puede ayudarnos a ver esto porque “sitúa
a la persona en el centro de su
reflexión y de su estructura conceptual”
(Burgos, 2000), para lo que hay que ir
clarificando cuál es nuestra concepción
del hombre.
Dentro del ámbito de la psiquiatría
quizás sea la Logoterapia Viktor Frankl
la postura más cercana al personalismo,
que aunque hunde sus raíces
principalmente en el existencialismo
acaba haciendo planteamientos de tipo
personalista y proponiendo una visión
global o integral del ser humano.
El personalismo pone de manifiesto la
crisis de las visiones parciales y
muestra el valor de los intentos de
integración de diferentes perspectivas
(Burgos, 2000). Son varios los filósofos
personalistas los que buscan un modo de
acercarse a la realidad a través de la
experiencia sin reduccionismos como
Edith Stein, Nedoncelle, Maritain,
Mounier, etc.
Vemos en el filósofo personalista
Mounier una inquietud por ver al hombre
como es sin reducirlo a sus elementos
constituyentes, pues para él es
necesario que se tome a la persona en
serio en todas sus dimensiones:
yo-tú-nosotros (Burgos, 2000).
Los personalistas Raïsa y Jacques
Maritain manifiestan la necesidad de
encontrar una visión global de la
realidad en la que también lo negativo
pueda tener sentido (Burgos, 2000).
Viendo al ser humano globalmente y
buscando un sentido que abarque toda la
realidad y todo lo que sucede es posible
encontrar sentido incluso a lo que nos
parece más negativo, incluso en casos de
sufrimiento extremo.
En esta inquietud por buscar a un ser
humano completo, Edith Stein también
señala la insuficiencia de algunas
imágenes que existen en nuestro mundo
sobre lo que es el hombre. Para ella no
dan una respuesta completa ni los
idealismos, ni la psicología profunda
porque descomponen la unidad espiritual
del hombre y el sentido objetivo de su
creación cultural. (Stein, 2002).
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El misterio del ser humano
Aún
teniendo en cuenta la necesidad de
considerar al otro como una totalidad,
como una persona, resulta imposible
abarcar todas sus dimensiones y aún
menos hacerlo simultáneamente. Por mucho
que queramos tener en cuenta todas las
dimensiones es muy posible que haya
aspectos que se nos escapen por la
complejidad de lo que es un ser humano,
el cómo se desarrolla su relación con el
mundo, su subjetividad, la interrelación
simultánea de todos sus componentes,
etc. Por eso se podría afirmar que la
esencia última de lo que es una persona
es aún un misterio.
Como ya afirmó Jaspers, el ser humano es
inaccesible en sí mismo al conocimiento,
proponiendo una posibilidad de síntesis
de las diferentes modalidades de
conocerlo y estudiarlo, solamente “por
la estructuración de nuestro
conocimiento acerca del hombre, como
desarrollo de las modalidades básicas de
nuestra concepción, de nuestro
pensamiento y sus categorías, es decir
de nuestros métodos. En ese esbozo
metodológico llega la ciencia tan lejos
como sean accesibles los objetos, en
tanto que tales. Pero para llegar a ese
límite, hay que estar cómodo más allá de
esos límites. Ya que no experimentamos
lo que es el hombre más que a través de
nosotros mismos” (Jaspers, 1999, p.
826), habiendo una base en nosotros
mismos que tiene que estar siempre
presente como instrumento de nuestro
conocimiento. Según Jaspers “hay que
organizar más bien el conocer para echar
mano del hombre en todas sus
dimensiones, en todos los planos
posibles de la cognoscibilidad”
(Jaspers, 1999, p. 826) pero, sin
embargo “el todo único del ser humano no
se vuelve un objeto para nosotros”
(Jaspers, 1999, p. 827). Es imposible
captar el todo como se capta cualquier
objeto de la realidad, pero también
pretender que la captación de todas las
partes posibles nos dé una visión
global.
Jaspers (1999) considera falsa la
generalización absoluta que pretende
tener el todo propiamente dicho del
hombre en el conjunto de todas las
totalidades que se abarcan. Por lo que
sería una falsa exigencia el hacer del
todo del ser humano un dominio especial
de investigación y enseñanza. Esta idea
la completa con la siguiente afirmación:
“en los métodos de la exploración del
ser humano no nace una imagen unitaria
del hombre, pero sí muchas imágenes y
cada cual con un poder propio de ella
que se impone” (Jaspers, 1999, p. 836) y
al decir que “si hubiese una terminación
empírica del ser humano, una división
completa de su ser como ser explorable,
no habría ninguna libertad” (Jaspers,
1999, p. 837).
Según Jarpers “ningún hombre es
totalmente abarcable, sobre ninguno es
posible un juicio de conjunto
definitivo. Por tanto “no quisiéramos
perder la conciencia de la
inagotabilidad y de lo enigmático de
cada individuo aislado mentalmente
enfermo, ni siquiera frente a los casos
aparentemente más cotidianos” (Jaspers,
1999, p. 846)
Jaspers también señala la limitación de
nuestra capacidad de captar a otros
hombres porque “en el explorar del
hombre somos no sólo espectadores de
algo extraño a nosotros, sino también
hombres. Somos nosotros mismos los que
nos examinamos cuando investigamos a los
otros.” (Jaspers, 1999, p. 845). Es
decir, somos observadores y al mismo
tiempo lo observado, por lo que no somos
diferentes a aquello que consideramos
objeto de estudio y esto dificulta o tal
vez imposibilite la imparcialidad como
observadores externos.
Tal y como plantearon los
existencialistas en la realidad queda
siempre una dimensión de opacidad o
misterio que no es posible desentrañar
plenamente y esto se pone especialmente
de manifiesto en el caso de la persona y
en la insuficiencia de los métodos que
tratan de estudiar su naturaleza
(Mounier, 1967). Lo cual no quiere decir
que debamos desdeñar el conocimiento
empírico de la realidad aunque sí sea
importante ser conscientes de sus
limitaciones.
Edith Stein (2002) nos muestra un camino
posible para explorar en ese misterio de
la individualidad afirmando que “sólo se
podrá acceder a la singularidad de cada
individuo mediante un contacto
espiritual vivo” y esta comprensión sólo
será posible cuando el alma se exprese
libremente y para que dicha expresión se
favorezca es precisa una mirada de amor
que permite abrir una brecha por la que
atravesar las defensas del otro y
conocerle como es realmente. Es decir,
que sin una mirada de aceptación y
aprecio por el otro y por su vida no
será posible verle en su totalidad.
Otra opción de acceso al alma humana nos
la puede dar el arte y la literatura,
para Edith Stein las obras maestras de
la literatura a lo largo de la historia
y las obras de arte nos dan capacidad
para acceder al interior de las almas,
cobran una gran relevancia como
introducción y entrenamiento para la
captación del modo de ser del hombre
(Stein, 2002).
Está claro que somos mucho más que
cualquier esquema conceptual y que las
ciencias son en sí mismas insuficientes,
aunque necesarias para comprender a los
seres humanos. El ser humano es en su
esencia aun un misterio que aún no somos
capaces de entender totalmente, quizás
sólo comprendemos muy poco. Seguramente
necesitamos mucha humildad como
científicos y como personas para
enterarnos de quienes. Para transmitir
lo que es una persona no hay nada mejor
que una experiencia que vaya más allá de
lo que cualquier esquema o mapa puede
transmitir y por eso hemos de ir a
nuestra experiencia real cotidiana de
interacción con nosotros mismos, con la
realidad y con otras personas.
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Es importante
que partamos de poner a la persona en el
centro de nuestra reflexión como
psiquiatras o como psicólogos. Y también
fundamental que aprendamos a ponerla en
ese centro a través de una mirada de
aceptación incondicional en la que el
hombre se muestra ante nosotros como la
máxima expresión de un arte que se
escapa a nuestra comprensión y que nos
puede revelar mucho si sabemos mirar.
Esa forma de mirar el ser humano puede
ser un universo fascinante por explorar
en cada una de las personas que nos
encontramos en cada instante de nuestras
vidas y de nuestra práctica profesional.
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Bibliografía
-
Barcia, D. “Psiquiatría y humanismo”.
Quaderna Editorial – Interlibro. Murcia,
2003.
- Burgos, J.M. “El Personalismo”.
Ediciones Palabra, 2000.
- May, R.; Angel, E.; Ellenberger, H.F.
“Existencia“. Nueva dimensión en
Psiquiatría y Psicología. Ed. Gredos,
1977.
- Frankl, V.E. “El hombre en busca de
sentido”. Editorial Herder, Barcelona,
1988.
- Frankl, V.E. “La idea psicológica del
hombre”. Ediciones Rialp. Madrid 1999.
- González Álvarez, E.; Villagra Vera,
N. “Encuentro con Oscar Ricardo Oro en
Madrid”. NOUS, Boletín de Logoterapia y
Análisis Existencial, Número 3, Otoño
1999, p.55-66
- Husserl, E. “La Crisis de las Ciencias
Europeas y la Fenomenología
Trascendental”. Barcelona, Editorial
Crítica, 1991
- Jaspers, K. “Psicopatología general”.
Fondo de Cultura Económica, México, 1999
- Llopis, B. “Introducción dialéctica a
la psicopatología”. Ediciones Morata.
Madrid, 1970.
- Mounier, E. “Introducción a los
existencialismos”. Madrid, Ed.
Guadarrama, 1967
- Stein, E. “La estructura de la persona
humana”. Biblioteca de Autores
Cristianos, Madrid, 2002.
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