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El estudio de la consciencia: Perspectivas
fundamentales.

Ana
Rojo Rubio; Mª Isabel Rodríguez Fernández.

Departamento de Psicología
de la Facultad de Medicina de la Universidad San
Pablo-CEU de Madrid.

Trabajo presentado en el 9º
Congreso Virtual de Psiquiatría (2008)
http://www.psiquiatria.com/congreso/2008/otras/articulos/34330/
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Resumen
El estudio
de la consciencia ha sido abordado desde
múltiples perspectivas dentro ámbitos diversos
como la filosofía, la psicología o la
neurociencia, por ser un eje de comprensión
importante para la comprensión del ser humano.
Su definición ha variado en función de la forma
de entender la realidad por cada una de estas
disciplinas, a lo largo de la historia.
Definición que también se ha visto influida por
el método de estudio empleado por cada una de
ellas. En la actualidad se entiende por
consciencia aquello que permite que el sujeto
tenga un conocimiento inmediato de sí mismo, de
sus actos y reflexiones. En el presente trabajo
se expondrán algunos de los planteamientos más
importantes, que han sido desarrollados en el
estudio de la consciencia y de su comprensión.

Introducción
|
El tema
de la
consciencia
es uno
de los
abordados
con
mayor
frecuencia
dentro
de la
filosofía
y de la
psiquiatría,
por
estar
estrechamente
relacionado
con lo
que
entendemos
por
mente.
Si
comprendemos
mejor lo
que es
la
consciencia
del ser
humano,
parece
que
sería
más
posible
conocer
en más
profundidad
lo que
es la
mente
humana,
su
funcionamiento
y su
relación
o
imbricación
con el
funcionamiento
del
cerebro.
La
manera
de
abordarla
o tratar
de
comprenderla
ha
estado
estrechamente
relacionada
con la
posición
filosófica
de su
observador
o
investigador,
que de
forma
consciente
o
inconsciente
ha
asumido
como
válida
una
determinada
perspectiva
antes de
saber
realmente
en qué
consistía
el
terreno
en el
que se
estaba
adentrando.
Sabemos,
por
ejemplo,
que las
posturas
dualistas
o
monistas,
no
abordan
el
problema
de la
misma
manera y
muchas
veces
dan por
supuesto
ciertos
principios,
sin
fundamentarlos
suficientemente.
El
conocer
esas
posibles
posiciones
o
miradas
que se
toman a
priori,
nos
puede
ayudar a
tomar
conciencia
de las
propias,
para
saber
así de
donde
partimos
y buscar
una
fundamentación
real y
racional
de
nuestros
presupuestos.
Otra
cuestión
que ha
influido
en la
conceptualización
de lo
que es
la
consciencia,
ha sido
el
método
de
estudio
empleado,
basado
previamente
en
asunciones
fundamentales
sobre el
objeto
estudiado.
Por
ejemplo,
para
algunos,
ha sido
más
adecuado
tratar
de
buscar
la
consciencia
en los
mecanismos
neurobiológicos
o
bioquímicos
del
cerebro,
para
otros ha
sido
mejor la
observación
de la
conducta,
o la
descripción
imparcial
de los
hechos,
entre
otras
muchas
posibilidades.
En el
presente
artículo
presentaremos
brevemente,
algunas
ideas
fundamentales
sobre
este
concepto,
con el
riesgo
de dejar
alguna
cuestión
por
abordar,
con el
objetivo
de
invitar
a la
reflexión
y a la
profundización
en este
tema,
que
sigue
siendo
una
asignatura
pendiente,
en
muchos
sentidos
para la
filosofía,
la
psicología
y la
psiquiatría.
|

|
Definición
de
consciencia
y
conciencia
En la
lengua
castellana,
nos
encontramos
con los
dos
conceptos
diferentes
relacionados
entre
sí,
consciencia
y
conciencia,
que con
frecuencia
son
usados
indistintamente;
algo que
lleva a
un uso
confuso
de los
mismos
(1).
Según
las
definiciones
del
diccionario
de la de
la Real
Academia
de la
Lengua
(2)
encontramos
que
ambos
términos
no
tienen
el mismo
significado,
aunque
podamos
encontrar
ciertos
paralelismos
en los
términos.
La
palabra
consciencia
viene
del
término
latino
conscientia
y es
definido
como el
“conocimiento
inmediato
que el
sujeto
tiene de
sí
mismo,
de sus
actos y
reflexiones”,
y como
la
“capacidad
de los
seres
humanos
de verse
y
reconocerse
a sí
mismos y
de
juzgar
sobre
esa
visión y
reconocimiento”
(2).
Por otra
parte,
en el
mismo
diccionario,
la
palabra
conciencia,
que
deriva
de la
misma
palabra
latina
conscientia,
se
define
como la
“propiedad
del
espíritu
humano
de
reconocerse
en sus
atributos
esenciales
y en
todas
las
modificaciones
que en
sí mismo
experimenta”,
y
también
como el
“conocimiento
interior
del bien
y del
mal” (2)
En ambos
casos
encontramos
una
alusión
al
autoconocimiento,
a algo
que
sucede
al darse
cuenta
de algo
que
ocurre
en el
interior
de uno
mismo.
Sabemos
que la
palabra
latina
conscientia
deriva
del
verbo
latino
consciere,
que se
refiere
al acto
de ser
conocedor
de algo
por uno
mismo, y
con
otras
personas,
es
decir,
consaber
algo
(3).
La
palabra
conscientia
está
compuesta
por la
preposición,
cum, y
el
sustantivo,
scientia.
Así que,
etimológicamente,
conscientia
significa
dos
cosas:
con
conocimiento
(sabíamos
lo que
hacíamos,
cuando
lo
hacíamos)
y
conocimiento
compartido
(con
otras
personas)
(3).
Esta
cuestión
añade a
la
cuestión
del
autoconocimiento,
la idea
de que
aquello
que
conocemos,
en este
caso en
nosotros
mismos,
puede
ser a su
vez algo
compartido
por
otros
que se
están
conociendo
también
a sí
mismos.
En el
presente
texto
escogemos
el
término
consciencia
por ser
su
definición
más
cercana
a un
enfoque
psicológico
y por
ser un
término
más
semejante
al
término
inglés
consciousness.
No
obstante,
en algún
momento
se usará
el
término
conciencia,
si es
preciso
para
reproducir
citas
textuales,
en las
que
tenga el
mismo
significado
que
estamos
asumiendo
para
consciencia.
|

|
Origen
histórico
de la
cuestión
de la
consciencia
Los
primeros
planteamientos
acerca
de lo
que es
la
consciencia,
aparecen
ya en
algunos
planteamientos
filosóficos
de la
Grecia
clásica,
de una
forma no
explícita,
pero sí
implícitamente
en
diversos
postulados
acerca
del alma
o del
pensamiento.
Entonces,
lo que
hoy se
denomina
el
problema
mente-cerebro,
era
formulado
en
términos
del
problema
de la
relación
entre
alma y
cuerpo
(4,5).
Dicho
problema
de la
relación
mente-cerebro,
ha sido
y es una
cuestión
fundamental
que ha
determinado
la
manera
de
plantear
la
cuestión
de la
consciencia.
Las
teorías
elaboradas
sobre
esta
relación
podrían
clasificarse
de forma
esquemática
en dos
grandes
grupos:
las
concepciones
monistas
y las
dualistas;
aunque
también
existen
teorías
que
combinan
ambas
posturas
(6).
Estas
concepciones
se
explicarán
más
adelante
al
tratar
las
diferentes
perspectivas
existentes.
Descartes
(1596-1650),
consideró
la
consciencia
como la
propiedad
esencial
de la
mente,
pues
todo
pensamiento,
para ser
considerado
como
tal,
tenía
que ser
pensamiento
consciente.
Descartes,
caracteriza
las
diferentes
formas
de
pensamiento
por una
característica
común,
que es
la
consciencia,
ya que
considera
que el
pensamiento
es todo
lo que
tiene
lugar en
nosotros
cuando
somos
conscientes
de ello
y dicho
pensamiento
es lo
que nos
daría la
prueba
de
nuestro
existir
(1).
Para
este
autor,
además,
la
consciencia
es un
factor
que
unifica
los
estados
mentales
en un
único
lugar
mental,
al que
llama
ego.
Además,
la
consciencia
sería,
para él,
la base
de la
certeza
y de la
racionalidad,
motivo
por el
que este
autor
cree
haber
encontrado
un
principio
epistemológico
fundamental
(7).
Descartes
al
sistematizar
en su
Discurso
del
Método
la
separación
entre
dos
sustancias
que
considera
diferentes,
la res
cogitans
(mente)
y la res
extensa
(que es
un
concepto
aplicable
al
cuerpo).
Ambas
sustancias
interaccionarían
entre sí
en la
glándula
pineal
(1).
Descartes,
mediante
sus
planteamientos,
sienta
las
bases
para una
perspectiva
dualista,
de tipo
interaccionista.
Su
visión
dualista
tendrá
una gran
influencia
en el
pensamiento
filosófico
posterior
y en el
de otras
disciplinas
que han
tratado
de
estudiar
y
comprender
la
consciencia.
La
consecuencia
es, por
ejemplo,
que se
hayan
generado
distintas
orientaciones
filosóficas
que
pretenden
explicar
por
separado
las
realidades
del
pensamiento
(la
mente o
la
consciencia),
y los
mecanismos
neurobiológicos
o
corporales
que
sostienen
la
actividad
mental o
de la
consciencia
(4).
En
épocas
posteriores,
se
mantiene
el
dualismo,
lo que
lleva a
la
búsqueda
de la
relación
entre
cuerpo y
mente.
Incluso
se ha
llegado
a decir
que el
dualismo
“ha
permanecido
siempre
en el
transfondo
de la
teorización
posterior
sobre la
mente”
(p.20)
(1).
Pero no
todos
los
autores
posteriores
mantienen
posturas
dualistas.
Por
ejemplo,
Spinoza
(1652-1677)
rechazará
el
dualismo
de
Descartes,
considerando
que la
mente es
el
resultado
de los
procesos
cerebrales
y
unificando
mente y
cuerpo
como una
misma
cosa
(4), lo
cual
supone
incurrir
en un
monismo
materialista.
En el
siglo
XVII,
John
Locke
(1632-1704)
considera
que la
consciencia
es
indispensable
para el
funcionamiento
de la
mente,
sobre
todo la
consciencia
que uno
tiene de
sí
mismo.
Por lo
tanto,
la
experiencia
interna
de la
mente
sería la
base del
propio
conocimiento.
En esa
época,
se
consideraba
que los
procesos
de la
mente
eran
transparentes
para el
propio
sujeto,
por lo
que
cualquier
actuación
de tipo
inconsciente
era
descartada.
Esta
idea
lleva a
Locke al
problema,
de cómo
pueden
estar
presentes
los
recuerdos
en la
mente,
sin
estarlo
a su vez
en la
consciencia
de forma
permanente
(8). Su
visión
muestra,
por otra
parte,
una
psicología
mecanicista,
ya que
postula
que las
ideas
tienen
su
origen
en la
sensación,
e
intenta
establecer
un
correlato
orgánico
entre la
sensación
y las
ideas en
relación
con la
misma
(4).
|

|
Tomando
otra
perspectiva
Leibniz
(1646-1716),
defiende
un
paralelismo
entre la
mente y
el
cuerpo
(en
donde se
puede
ver un
cierto
dualismo
implícito
similar
al
cartesiano
pero no
idéntico),
de tal
manera
que la
consciencia
sería un
reflejo
de lo
que
ocurre
en el
cuerpo
gracias
a una
armonía
que ha
sido
preestablecida
por
Dios,
pero sin
necesidad
de que
se de
una
interacción
entre
ambos
procesos
en
ningún
lugar.
Se dice
que su
propuesta
es una
propuesta
psicofísica
(4).
Encontraremos
a partir
del
siglo
XIX un
intento
de
explicar
la
actividad
mental
en
términos
de
procesos
cerebrales,
por
ejemplo
en
Sechenov
(1829-1905),
que toma
los
movimientos
reflejos
como
punto de
partida
para
encontrar
su
explicación
de lo
que es
la
consciencia.
También
en
autores
como
Titchener
(1867-1927)
encontramos
las
bases de
una
perspectiva
reduccionista
de la
psicología,
pues
entiende
que los
procesos
complejos
se
pueden
explicar
mediante
su
reducción
a
elementos
de
sensación
básicos
(4).
La
cuestión
de la
consciencia
va
adquiriendo
una gran
relevancia
dentro
del
ámbito
de la
psicología
científica,
que
surge en
el siglo
XIX y
que en
su
origen
es
definida
como la
ciencia
de la
consciencia,
una
definición
que fue
utilizada
por
autores
como
Wundt,
Titchener
o James,
y que
más
tarde
fue
bastante
criticada
por el
conductismo
y otras
escuelas
externalistas
(4).
Wundt
(1832-1920),
consideraba
que la
psicología
era un
método
de
estudio
científico
de la
experiencia
interior
e
inmediata
(es
decir,
de la
consciencia).
Además,
defiende
la idea
de que
los
fenómenos
mentales
tienen
un
sustrato
corporal
que los
explica
(4). A
diferencia
de
Descartes,
que
postula
la
existencia
de dos
realidades
separadas
(la
corporal
y la
anímica)
Wundt
entiende
que
existe
una sola
realidad
que se
puede
mirar
desde
dos
puntos
de vista
(uno
físico y
otro
mental)
(4). Con
este
autor
empieza
la
psicología
científica,
teniendo
como
objeto
de
estudio
la
consciencia,
y siendo
uno de
sus
objetivos,
el
diseccionar
los
elementos
que la
componen
con el
fin de
explicar
cómo se
relacionan
unos con
otros.
Una
perspectiva
a la que
se llamó
entonces
estructuralismo
(9). El
método
utilizado
para el
propósito
señalado
fue la
introspección,
que se
evaluaba
en
respuesta
a
estímulos
determinados.
Además
se buscó
una
correlación
entre
consciencia
y
cuerpo,
mediante
el
estudio
de la
fisiología,
que se
va a
ocupar
del
estudio
“físico”
del
organismo
en
relación
con
experiencias
concretas
(9). El
estructuralismo
estudia
la
consciencia
como si
fuera
algo
físico y
usa para
ello los
métodos
de las
ciencias
que
estudian
el mundo
material,
es
decir,
los
métodos
de las
ciencias
naturales.
Crean
así una
psicología
materialista
que se
acaba
deshaciendo
de la
psique,
y no
rebasa
el nivel
de las
potencias
del alma
porque
estudian
la
consciencia
como si
fuera un
objeto
material.
Aunque,
es
importante
señalar
como
dato
positivo
de esta
perspectiva
que es
el
primer
intento
serio de
estudiar
científicamente
la
consciencia
(10).
Como
reacción
frente
al
estructuralismo,
surge el
funcionalismo;
especialmente
contra
el
mecanicismo
reduccionista
de los
estructuralistas.
Su
principal
exponente
va ser
William
James
(1892-1963).
Para
James
“la
psicología
es la
descripción
y
explicación
de los
estados
de
conciencia
como
tales,
entendiendo
como
estados
de
conciencia
las
sensaciones,
deseos,
emociones,
conocimientos,
razonamientos,
voliciones,
etc.”
(p.49)
(9)
coincidiendo
en este
punto en
la
centralidad
de la
consciencia
para la
psicología,
al igual
que hace
Wundt.
James
reconoce
la
necesidad
de
llevar a
cabo una
investigación
empírica
sobre la
consciencia,
pero
dentro
del
presupuesto
cartesiano
de que
la
consciencia
es
experiencia
(7).
También
se ha
considerado
que el
funcionalismo
es una
psicología
fenomenológica,
que
estudia
la
consciencia
desde
dentro,
dedicándose
a
observar
y a
describir
sin
limitarse
a
establecer
relaciones
entre
estímulos
y
reacciones
físicas,
sino
observando
y
describiendo
el curso
espontáneo
de la
consciencia
(10).
Franz
Brentano
(1838-1917),
es un
autor
que se
ha
relacionado
también
con el
funcionalismo
(10). Su
aportación
fundamental
será que
la
consciencia
tiene
como
condición
necesaria
la
intencionalidad,
en el
sentido
de que
está
dirigida
hacia
algo que
determina
su
contenido.
Para
Brentano,
la
consciencia
es
también
algo
intrínseco
a todo
estado
mental
(7)
Con la
idea de
fondo
del
positivismo
lógico,
de que
cualquier
postulado
debe ser
apoyado
por
elementos
observables
y
cuantificables,
surge el
conductismo.
El
estudio
de la
mente y
por
tanto el
de la
consciencia,
queda
relegado
en este
momento
del
campo de
estudio
por el
estudio
de la
conducta
del ser
humano.
El
interés
por los
procesos
internos
desaparece,
con el
pretexto
de que
hay una
correlación
nítida
entre la
conducta
observable
y el
pensamiento
(8). Así
que esta
perspectiva
conductista,
lleva a
desterrar
la
consciencia
del
discurso
científico
(11),
algo que
ha
repercutido
en la
psicología,
desde
los
orígenes
del
conductismo
hasta la
actualidad,
en
muchos
de los
ámbitos
de
estudio
científico
de la
psicología.
Posteriormente
los
modelos
cognitivos
sí
tendrán
en
cuenta
la
consciencia,
pero
tienen
poco que
ofrecer
en
relación
con el
lado
experiencial
o
fenoménico
de la
experiencia
consciente;
pues por
ejemplo,
no
explican
los
procesos
necesarios
para
equilibrar
nuestro
cuerpo
al
caminar
o para
articular
las
palabras
al
hablar
(que
tienen
que ver
con
procesos
no
conscientes)
(11).
|

|
Como
reacción
contra
el
dualismo,
hay
diferentes
autores
relacionados
con la
filosofía
de la
mente,
que
hacen
críticas
a la
visión
cartesiana.
Tal es
el caso
de
Dennet
que usa
la
metáfora
del
“teatro
cartesiano”,
que
sería un
lugar
oscuro
en el
centro
de la
mente/cerebro
donde
tienen
lugar
los
acontecimientos
mentales,
y
especialmente
los
fenómenos
de
consciencia.
Este
lugar es
donde se
realizaría
de
manera
incomprensible
la
relación
entre el
cuerpo y
la
mente,
según la
visión
del
dualismo
cartesiano.
Dennet
resuelve
el
dualismo,
con la
tesis de
que la
sustancia
pensante
es el
cerebro,
del que
serían
las
funciones
mentales.
Y
señalará
que el
error de
Descartes
es
pensar
que haya
un lugar
para la
interacción
entre
mente y
cerebro
(1).
Otro
autor
que
critica
a
Descartes
ha sido
Gilbert
Ryle.
Este
autor
critica
tanto el
dualismo
ontológico
como el
epistemológico
de
Descartes.
En el
dualismo
ontológico,
se
defendería
una
visión
de la
realidad
y del
hombre,
en dos
ámbitos
radicalmente
distintos:
lo
extenso
(que se
da en el
espacio)
y lo
pensante
(que se
da sólo
en el
tiempo).
En el
dualismo
epistemológico
hay una
distinción
entre
conocimiento
externo
y el
conocimiento
interno
(al que
se
accede
por
introspección).
Para
Ryle el
error
tendría
que ver
con caer
en “el
dogma
del
fantasma
de la
máquina”,
considerándolo
el
resultado
de un
error
categorial,
que
consistiría
en
aplicar
algo a
una
categoría
que no
le
corresponde,
lo que
generaría
un
sinfín
de
errores.
En error
de
Descartes,
sería
considerar
que la
mente,
por
analogía
con el
cuerpo,
obedece
a las
leyes
físicas
y
funciona
de la
misma
manera y
de ahí
surge el
problema
de
encontrar
un lugar
físico
de
interacción
entre
cuerpo y
mente.
Así que
lo que
haría
sería
considerar
la mente
en la
misma
categoría
que el
cuerpo,
lo que
le llevó
a no
conceptualizar
adecuadamente
la
sustancia
pensante
y dio
por
supuesto
que la
relación
entre
ambas
sustancias
podía
explicarse
de forma
mecanicista.
Para
Ryle,
cuerpo y
mente no
son
términos
del
mismo
tipo
lógico.
Finalmente,
Ryle
procura
resolver
el
problema
con la
idea de
que la
mente
consiste
en un
conjunto
de
disposiciones
para el
comportamiento,
que
corresponderían
a los
diferentes
estados
y
procesos
mentales.
Acepta
la
existencia
de
procesos
mentales
entendidos
en el
sentido
de
disposición
de
conducta,
pero
niega
que
existan
de tal
manera
que son
pertenecientes
a un
mundo
similar
al de
los
procesos
físicos
(1).
|
Propiedades de la consciencia
La consciencia se suele entender como lo psíquico en general, y más concretamente como la experiencia subjetiva consciente. También se la describe como la capacidad de conocer, y dentro de ella se entiende la inteligencia como el máximo nivel posible de consciencia. La afectividad es otra forma de consciencia que sería la consciencia de la repercusión del mundo sobre nuestro organismo (lo agradable o lo desagradable). También se reconoce en las manifestaciones más elementales de la vida (reflejos, etc.) y sobre todo en conocer la significación del estímulo a través de un conocimiento más primitivo que sería un conocimiento esencialmente afectivo (10). Como contraposición a esta visión descriptiva en la que se la consciencia como objeto de estudio, Edelman y Tononi (11) dirán que la consciencia “no es un objeto, sino un proceso” (p.21).
Hay autores que han considerado que la consciencia es un término difícil de definir, porque “es una evidencia que se alcanza mediante la intuición” (p.70) (12). En consonancia con esta idea de su dificultad para ser definida muchos autores, como Crick, Chalmers o McGinn, que se han dedicado al tema de la consciencia, señalan que la misma no deja de ser un misterio. A pesar de existir diferentes definiciones, para distintos autores, aún queda por definir de manera precisa que es la consciencia. Pues aunque tengamos en general, una idea aproximada de lo que significa, no sabemos muy bien lo que es, ni en qué consiste exactamente su funcionamiento. Incluso, hay autores como Crik y Koch que afirman que no tiene sentido hacer una definición de la consciencia hasta que no sepamos lo que es científicamente, pues consideran que no hay una definición más fiable que la científica. Aunque el problema también podría ser que la consciencia no es un descubrimiento científico (1).
Para Baars la consciencia es concebida como el escenario de un teatro, que transcurre en nuestro interior. En dicho escenario sería donde la información procedente de diferentes fuentes se integra para el control de la conducta (11). Esa comparación de la consciencia como un teatro está también presente en Ryle y mucho antes en Hume, quién afirma que la mente es una clase de teatro, en el que aparecen diversas percepciones de manera sucesiva. Para Ryle la consciencia tiene que ver con darse cuenta de los supuestos ocupantes del propio escenario privado (1).
Según Descartes, la consciencia, aparte de ser una cualidad esencial y central de la mente, sería como un haz de luz que iluminaría los objetos que se dan dentro de la mente (7).
En nuestra propia experiencia, la consciencia se presenta como un “todo” que engloba nuestra relación tanto con el exterior, como con nosotros mismos. Es en ella en donde encontramos, por ejemplo, nuestros pensamientos, fantasías y sensaciones sobre el mundo exterior. Se dice, además, que creemos que nuestra consciencia personal “constituye la totalidad de nuestro mundo” (p.13) (13), pues gracias a ella tenemos consciencia de lo que ocurre a nuestro alrededor y de quienes somos y pensamos, por otra parte, que nuestra consciencia personal es una representación objetiva de la realidad externa; algo que no parece ser del todo cierto, pues no estamos conscientes de lo que pasa en todo momento en nuestro alrededor o incluso en nosotros mismos. Normalmente se da un filtrado de contenidos que acaban constituyendo nuestra experiencia consciente. De alguna manera en la consciencia se dan estos filtros de una forma automática, es decir, que no nos estamos dando cuenta de cómo se produce dicho proceso de filtrado; pero también se pueden dar de una forma controlada, pues decidimos a qué prestamos preferentemente nuestra atención. Por lo tanto, la consciencia, se ocuparía de la selección de las diferentes posibilidades que se nos presentan en cada momento de forma simultánea y de forma automática o controlada. William James, que fue uno de los principales estudiosos de la consciencia, hace una distinción entre el procesamiento automático y el procesamiento controlado de la información. Ambos dependerían, de forma directa, del ambiente externo en el que una persona se desarrolla. (13). Así, la consciencia, se ocupa de la selección de las diferentes posibilidades que se nos presentan en cada momento de forma simultánea. Esta selección estará controlada por la atención, de tal forma que solamente acceden a la consciencia aquel estímulo al que se ha atendido (14)
En cada momento, las personas estamos rodeadas de un gran numero de estímulos, de los cuales, se seleccionan primero aquellos que corresponden a las modalidades sensoriales que tienen interés para la consciencia personal. Se crean así diferentes filtros que dejan pasar principalmente los estímulos relacionados directamente con nuestra supervivencia, creados no sólo por la naturaleza de nuestros sistemas sensoriales, sino también de factores como la experiencia personal o la cultura. En palabras de R. Ornstein (1979) “nuestra consciencia personal no es un registro completo y pasivo del mundo externo, sino una construcción personal altamente selectiva encaminada primordialmente a la supervivencia biológica del individuo” (p.37) (13).
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Es a partir del conjunto de los estímulos que han pasado los diferentes filtros de la atención, como construimos una consciencia estable. Así tenemos que esta consciencia, es el resultado del filtrado, una posible construcción, que podemos cambiar simplemente modificando la manera en la que la construimos nuestra manera de prestar atención a la realidad (13). Habría una relación directa entre la función selectiva de la consciencia y nuestra capacidad de atención (15).
Por otra parte, dentro de la consciencia, podemos también “jugar” con la información recogida en el exterior, imaginando nuevos paisajes o situaciones; podemos combinar los diferentes estados produciendo diferentes combinaciones posibles (11).
También es importante señalar que nuestra consciencia individual no es estable totalmente, pues nuestros prejuicios y suposiciones van cambiando, al igual que nuestras necesidades e intenciones (13).
William James consideró la consciencia como un proceso privado, selectivo y continuo pero en constante cambio; además de ser de naturaleza personal y unitaria, pues mantiene su unidad y coherencia en medio de la numerosa información a la que accede (10).
Para James (15), la consciencia funciona de tal manera que habría una sucesión constante de distintos estados mentales. A esta sucesión la llamaría el flujo de la consciencia y poseería cuatro características:
• Cada estado tiende a ser parte de una consciencia personal.
• Los estados están siempre cambiando dentro de cada consciencia personal.
• Existe una continuidad en la consciencia.
• La consciencia es selectiva, esto es, de toda la información que recibimos a cada momento, seleccionamos una parte.
William James planteó ideas relacionadas con otras propiedades posibles de la consciencia como la de la medida de amplitud de un “latido de conciencia” (amplitud de memoria a corto plazo) y la de una teoría computacional de la consciencia como favorecedora de la supervivencia, mediante el cumplimiento de los propósitos principales del individuo. Según este autor, la consciencia lucha entre dos funciones: la función primaria de “leer el estado corporal” (en la que entrarían sensaciones como la percepción del dolor, la propiocepción, etc.) y la función de la introspección. (15).
Según Rosenthal (16), con el término consciencia nos referirnos a tres fenómenos diferentes:
- La consciencia como propiedad, siendo este el término más utilizado por todos. Esta idea se refiere al hecho de que una persona está normalmente despierta y disponible para la estimulación sensorial. En este sentido la consciencia es una capacidad que poseen algunos seres vivos.
- La consciencia como acto de darse cuenta de algo. Se puede ser consciente de esta forma de algo que captamos mediante nuestros sentidos, o de algo que se nos presente como un pensamiento. Rosenthal denomina a esta consciencia como transitiva, ya que hace referencia a un objeto.
- Las percepciones y pensamientos que se nos presentan al ser conscientes de algo, también se nos pueden presentar de forma “inconsciente”. Esta percepción no consciente es más una propiedad de los estados de consciencia del sujeto que se encuentra en esta situación. Esta distinción entre estados de consciencia conscientes y no conscientes, se mantuvo paralizada hasta mediados del siglo XIX. Hasta entonces Descartes había afirmado que no es posible que tengamos ningún pensamiento del cual no seamos conscientes mientras esté en nosotros.
En el proceso de darnos cuenta de algo, sabemos que nos damos cuenta de lo que sucede en el mundo externo, pero también nos damos cuenta de lo que sucede dentro de nosotros, de lo que pensamos, sentimos o experimentamos, como ya ha se ha señalado de las ideas de Rosenthal. Además, de ese darse cuenta espontáneo, se da otro tipo de fenómeno que se ha denominado insight. Este término significa literalmente “ver adentro” y se define como un fenómeno que tiene que ver con la resolución de un problema, que se incubado durante un tiempo, con una idea que surge de forma imprevista, y es vivida como experiencia interior, que permite volver a ver el problema en su globalidad, alcanzándose en unos segundos la solución buscada (17).
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Podríamos también tener en cuenta que al querer comprender nuestra propia experiencia individual como observadores conscientes, pretendemos saber como se están generando las cualidades subjetivas experienciales. Pero sabemos, por otra parte, que ninguna descripción, por muy detallada que sea, logrará nunca explicar cabalmente la experiencia subjetiva, pues no hay nada que pueda sustituir a la experiencia real, por mucho que pretendamos explicarla, nunca podrá haber una descripción suficiente que explique la experiencia fenoménica de la primera persona y ninguna explicación científica puede sustituir a un fenómeno real. La consciencia tiene la característica especial de que el observador y lo observado parecen ser lo mismo y por ello no podemos tomar una distancia que permita una mayor objetividad, como podemos hacer con el mundo de los objetos externos. Por ello parece que es necesaria una nueva perspectiva para poderla observar (11).
Hay, por otra parte, autores que distinguen diferentes tipos de consciencia. Uno de los modelos más conocidos es el de Block, que distingue entre consciencia fenoménica, consciencia monitora, consciencia de acceso y consciencia del yo, que se explican a continuación (1):
1. La consciencia fenoménica tendría que ver con la forma en la que experimentamos nuestras sensaciones, percepciones y sentimientos. Es decir, sería la consciencia de las características de nuestra experiencia en cuanto tal.
2. La consciencia monitora tendría dos formas, la primera estaría en relación con la introspección y la segunda con acompañar un estado mental determinado con uno de nivel más alto (que sería la propiedad de ciertos estados mentales).
3. La consciencia de acceso sería la de los estados mentales que tienen las características: una representación de su contenido que sea utilizable como premisa de un razonamiento, para el control racional de la acción y para el control racional del habla. Su contenido es representacional para ser usada para las acciones citadas. Esta consciencia es necesariamente intencional (se dirige a un contenido), mientras que la fenoménica puede no serlo. La noción de esta consciencia es funcional, pues depende del contenido de los estados mentales y se puede definir en términos de un programa de ordenador.
Otra distinción, es la que se ha establecido entre la consciencia fenoménica y la consciencia representacional, proposicional o de contenido. La consciencia fenoménica se caracteriza por “un percatarse subjetivo, por la sentiencia, la sensación, la apariencia, la experiencia” (p.391) (7); sus propiedades tendrían que ver con cómo se experimentan subjetivamente las cosas del mundo, con unas cualidades a las que se ha denominado qualia, que tendrían que ver con las experiencias en sí mismas, vividas de una manera inmediata. A pesar de la existencia de una definición, se dice que se da una perplejidad fundamental que nos impide comprender su naturaleza. La consciencia representacional nos proporciona el acceso a la información o al contenido de los estados mentales y es fundamental para el control del pensamiento racional de la acción y del lenguaje y tiene una naturaleza funcional en relación a un sistema (7).
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Perspectivas fundamentales en el estudio de la consciencia
El estudio de la consciencia ha sido abordado, como ya se ha señalado, desde múltiples perspectivas, que han tratado de explicarla y describirla. Según Edelman y Tononi (11) la psicología siempre tuvo problemas para situar la consciencia, dentro de un marco teórico aceptable, a pesar de que la consciencia era su tema central.
Con respecto a la consciencia, ha ido variando tanto su definición, según la perspectiva adoptada, como el método de estudio de la misma. Algo directamente relacionado con cómo se plantea la relación mente-cerebro. A esto se añade la dificultad de que su estudio ha sido abordado desde diferentes disciplinas, dentro de la psicología y de la filosofía, sin un diálogo o interacción constructiva entre las mismas.
A continuación se hará una descripción de los elementos más importantes de las principales perspectivas que estudian la consciencia en la actualidad.
.- Monismo materialista o fisicismo
En esta perspectiva, se postula que sólo existe una forma de realidad, que sería la realidad material, o bien, si atendemos a corrientes diferentes del materialismo radical (pero todavía materialistas), que también existen los procesos mentales, pero estos son irrelevantes a efectos causales con respecto al mundo físico (6). En cualquier caso, no hay una diferenciación entre lo mental y lo físico, de tal forma que los estados mentales y sus propiedades, procesos y operaciones serían en principio idénticos a los estados físicos y sus propiedades, procesos y operaciones (18).
Podemos incluir dentro del monismo materialista a todas las perspectivas que tratan de explicar la consciencia desde la neurobiología. En ellas, se defiende que el estudio de la estructura y funcionamiento del cerebro aportará datos fundamentales que nos ayuden a comprender el fenómeno de la consciencia (19).
Un ejemplo, es el intento de Crick y Koch de resolver el problema de la consciencia sólo con explicaciones a nivel neuronal, es decir, tratan de encontrar el correlato neuronal de la consciencia. Estos autores, proponen que una de las funciones de la consciencia tiene ver con presentar el resultado de varias computaciones subyacentes, lo que supondría un mecanismo de atención que se produciría a nivel neuronal mediante la sincronización de neuronas con oscilaciones de unos 40 hertzios. A pesar de tratar de hallar una explicación a de la consciencia a través de la neurobiología, estos autores señalan que el problema de la consciencia sigue siendo uno de los principales problemas no resueltos de la ciencia moderna (1).
Patricia Churchland también ha planteado la posibilidad de reducir el estudio de la consciencia al estudio del cerebro, mediante, la creación adicional de una teoría psicológica más refinada. En su teoría señala de forma explícita la necesidad de no buscar fenómenos mentales en otro lugar que no sea el cerebro (1).
Edelman también está en esta perspectiva, pero con teorías de la consciencia de una mayor complejidad que las de Crick, en las que introduce cuestiones como la concepción del funcionamiento del cerebro de un modo selectivo-evolutivo, en tres niveles: en el desarrollo biológico, mediante la experiencia (que permite la incorporación de nuevas conexiones) y en la dimensión de re-entrada o de comunicación en ambas direcciones (19)
Otro autor importante dentro de estas perspectivas es Roger Penrose, que pretende aplicar los principios de la física cuántica a la comprensión del funcionamiento de la consciencia, para poder justificar una superposición de estados alternativos. Estos fenómenos cuánticos de computación se producirían en el citoesqueleto neuronal que formaría una especie de red que controlaría la actividad del cerebro (1).
Por su parte, Searle plantea que la mente es una cualidad o propiedad del cerebro, pero no puede ser explicada en términos neurobiológicos. Searle pretende encontrar una explicación científica de la consciencia, pero a la vez rechaza que la objetividad científica pueda aportar nada relevante sobre la misma, por lo que busca una objetividad diferente a la científica, que podría ser el de la subjetividad y el de la apariencia, ya que la ontología de los estados mentales es una ontología en primera persona, que es diferente a la de los hechos físicos, y por lo tanto han de estudiarse de otra forma, aunque en última instancia, los estados mentales sean estados físicos. Para estudiar esos estados mentales, se deben usar métodos indirectos (mediante el estudio de la conducta y registros fisiológicos subyacentes) (19), lo que en definitiva, es hacer lo mismo que se hace desde otras perspectivas abiertamente neurobiológicas, sin dar una alternativa para entender la consciencia.
Los eliminativistas de la consciencia tomarán una posición algo diferente, pues deciden prescindir de los componentes subjetivos de la consciencia, siendo para ellos la única forma de establecer un estudio sobre la mente es a través de la neurociencia, pues establecen un paralelismo entre la vida mental y el cerebro físico. Dentro de esta corriente, la consciencia queda desplazada del campo de estudio científico, al igual que fenómenos como la subjetividad o los sentimientos internos (20). Por ejemplo para Churchland, nuestra concepción de sentido común sobre los diferentes fenómenos psicológicos, sería algo falso, siendo lo relevante la objetivación de un estado neurológico y no lo que el sujeto cuenta de su estado mental, pues esto sería algo “altamente superficial” y por lo tanto prescindible (1). Esta perspectiva, no niega la existencia de componentes subjetivos de la consciencia, por lo que se puede considerar como un materialismo no radical (6).
Otra posición dentro del materialismo, sería la del epifenomenalismo que atribuiría interioridad tan sólo a las formas superiores de vida. En este caso, los procesos mentales se consideran causalmente irrelevantes (6).
Todas estas posiciones que tratan de explicar la consciencia mediante la neurobiología, también se pueden encuadrar dentro de las posiciones estructuralistas, pues la estudian como si fuera algo físico y usan para ello métodos de las ciencias que estudian el mundo material.
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.- Dualismo
Descartes, como se ha señalado previamente, es considerado el padre del dualismo, por ser el primero en sistematizar las relaciones mente cerebro desde el punto de vista del dualismo.
Las concepciones dualistas o pluralistas, “defienden la existencia de dos o más realidades irreductibles entre si y no subordinadas, que sirven para la explicación del mundo”, es decir, se afirma la existencia de dos sustancias o formas de realidad (6). Ya se han señalado previamente pensadores que han apuntado en esta dirección.
La mente se presenta como una sustancia no material, en contraposición al cuerpo. El problema que surge de este planteamiento es cómo explicar el hecho de que una substancia inmaterial pueda ser la causante de eventos físicos. A este respecto, podemos encontrar diferentes soluciones propuestas por distintas corrientes de pensamiento (18).
Un ejemplo, no mencionado, de las posturas dualistas es el modelo de Popper y Eccles que defienden la existencia de un dualismo interaccionista en el que tratan de reconciliar la ciencia con la filosofía, rechazando cualquier tipo de reduccionismo. Pero su modelo de integración se queda encerrado en las limitaciones que tiene la racionalidad discursiva en la etapa del desarrollo de la consciencia, que según Piaget correspondería a la inteligencia operacional formal; pues consideran que la consciencia no tiene una posibilidad de avanzar más allá (6). Hay otras teorías interaccionistas que son monistas (6), pero que tienen una menor repercusión que la señalada.
.- Funcionalismo
Habría dos perspectivas principales dentro del funcionalismo. La primera sería la que surge como reacción ante el estructuralismo, ya explicada previamente, dentro de la que el principal exponente es William James. La segunda perspectiva, estaría más bien relacionada con el tratar de analizar el funcionamiento de estudio de los procesos mentales y de su funcionamiento para adaptarse al ambiente. Los procesos mentales, desde esta perspectiva se concebirían como instrumentos para conseguir una mejor adaptación al ambiente (21).
Para los funcionalistas la consciencia es un elemento destinado a garantizar la supervivencia de los individuos, ayudándoles a emitir las respuestas más adecuadas en cada situación. La consciencia estaría constituida por tres elementos: estímulos sensoriales (input), cambio de estados mentales (procesamiento) y conducta final (output). De ellos el más importante es la conducta final resultante (output) (9).
.- Modelos computacionales
En la actualidad se han creado modelos computacionales que interpretan el funcionamiento de la mente en términos relacionados con la informática, considerando que funciona como si fuera una computadora que tendría entradas y salidas de información y diversos módulos que llevan a cabo procesos diferentes. Los módulos se consideran como cajas negras, cuya constitución se desconoce, pero que se las conoce según se va conociendo su mecanismo operativo (7). Estos modelos, adoptan una perspectiva similar a la funcionalista, pero enfocándola a equiparar el funcionamiento de la consciencia con el funcionamiento de una computadora.
.- Consciencia como misterio
En la actualidad hay dos perspectivas diferentes que consideran la consciencia como misterio (20). Son las siguientes:
Consciencia como misterio insoluble: esta postura se sustenta en la idea de que no poseemos capacidad intelectual suficiente para poder dar un significado o una explicación objetiva de la consciencia. Pues aunque sí podamos acercarnos a ella desde un enfoque neuropsicológico objetivo, nunca podremos sistematizar las experiencias subjetivas que la componen. Uno de los filósofos que sostienen esta teoría es Thomas Nagel.
Problema del misterio de la experiencia: el misterio de la consciencia radica, no en el aspecto funcional de esta, aspecto del cual puede ocuparse la ciencia cognitiva sin ir más allá, sino en el problema de la experiencia. Dicha experiencia sería un proceso totalmente subjetivo, que se produce simultáneamente al procesamiento de información que tiene lugar cuando percibimos algo o pensamos. Aparece aquí una crítica al funcionalismo, que no puede dar una explicación al fenómeno de la autoconsciencia.
Es Chalmers el que distingue entre estos dos tipos de problemas (los que pueden ser analizados por la ciencia cognitiva y los que no pueden ser explicados por esta), y para el cual, aunque la consciencia tenga una causa material, es un fenómeno no material y no deja de ser un misterio (22).
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.- Pampsiquismo.
El pampsiquismo, por su parte, sostiene que cada una de las unidades principales del mundo físico (partículas o incluso campos de influencia) posee consciencia en el sentido de tener algún “vago sentimiento” sobre su propia existencia y su intercambio de influencia con otras sustancias. Los objetos no son concientes en sí, sino las sustancias que lo componen. Respecto al cerebro humano, sería conciente en dos sentidos, primero por la consciencia de los elementos que lo componen, y segundo por la consciencia del cerebro como un todo (23). Esta idea está implícita en autores como Teilhard de Chardin o Paracelso o en pensadores orientales y hoy en día en visiones panteistas de la realidad.
.- Fenomenología
Husserl es uno de los creadores de este método fenomenológico y lo describe como el estudio reflexivo de la esencia de la consciencia, como experimentada desde el punto de vista de la primera persona (es decir, desde dentro del mundo individual interno, en él uno se miraría a sí mismo desde sí mismo). Para Husserl, la fenomenología no es conocimiento en sentido verdadero, sino un mirar espiritual desde nuestro interior, mediante introspección; y sería también un método intuitivo, en el que nos desprendemos de esquemas preconcebidos o cualquier explicación a priori sobre las causas o consecuencias de lo que ocurre internamente; para poder ver así la consciencia tal como es. La fenomenología sería por tanto, la ciencia descriptiva de la consciencia y de sus actos (24). Lo que propone Husserl es un método que nos ponga en contacto directo con la realidad, con las cosas mismas, antes de cualquier razonamiento. En ese proceso veremos que los fenómenos, aunque se nos presenten por mediación de los sentidos, siempre aparecerán provistos de un sentido o una esencia (12).
La fenomenología se ha propuesto como un método de estudio de la consciencia que tal y como señala Wilber (24), se desarrollaría cuando la primera persona tiene experiencia de la primera persona. Esto consistiría en que el yo se miraría a sí mismo desde dentro, o dicho de otra forma, sería una experiencia de mirar dentro de la propia mente. Favoreciéndose así una posibilidad de un mayor insight. Este tipo de experiencia, sería algo que se podría fomentar en ciertos estados meditativos o técnicas de hipnosis, dirigidos al autoconocimiento y la autocomprensión (24).
.- Heterofenomenología de Dennett
La heterofenomonología de Dennett propone que el estudio de la consciencia se realice de tal manera que se pueda objetivar la subjetividad. Dennet rechaza la idea de que la consciencia sea un misterio y afirma que puede ser estudiada con objetividad desde la perspectiva de la tercera persona (la que normalmente adopta la ciencia ante el mundo físico), de tal manera, que se puede tomar una actitud de imparcialidad ante las descripciones que otro sujeto pueda darnos de los fenómenos de su consciencia, para poder saber qué es lo que sucede exactamente dentro de su consciencia (25).
.- Modelos integradores de la consciencia
Uno de los autores más conocidos, que tratan de dar un enfoque que integre perspectivas en el estudio de la consciencia es David Chalmers, que aunque señala que el estudio de la consciencia sigue desafiando toda explicación objetiva, trata de buscar una aproximación más global al estudio de la misma. Para este autor habría dos componentes fundamentales de la consciencia, a tener en cuenta, uno físico (del que se encargaría la neurobiología) y otro experiencial, de tal forma que cada estado tendría un aspecto interior/intencional y otro exterior/físico. Para Chalmers, todas las aproximaciones fisicistas sobre lo que es la consciencia, sólo resuelven los problemas fáciles, manteniendo intacto el misterio central de lo que es la consciencia (22,26). Según algunos autores, esta perspectiva de Chalmers sería un dualismo de propiedades, en el sentido de que entiende que la experiencia consciente incluye ciertas propiedades que no pueden deducirse de las propiedades físicas (1).
Otra propuesta relevante, sobre lo que es la consciencia, es el planteamiento integral de Ken Wilber. Un autor que basa su modelo en el supuesto de que cada perspectiva, sobre lo que es la consciencia, tiene algo irremplazable que ofrecer que puede ser integrado en una visión más global y abarcadora de lo que es la consciencia. Para ello es necesario considerar las siguientes dimensiones de la consciencia: la intencional (experiencia interior), la conductual u objetiva (mundo observable por la ciencia empírica), la funcional y la social. Además, este autor busca integrar los conocimientos sobre la consciencia que se han desarrollado por la ciencia y filosofía occidentales, con los conocimientos sobre el trabajo y experimentación con la consciencia que se han desarrollado diferentes tradiciones orientales. En estas tradiciones se ha estudiado la consciencia desde la experimentación con la misma, desde una disciplina y trabajo interior que se consiguen mediante la práctica de diferentes técnicas de meditación (26).
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Conclusión
Parece que, aún estando clara la relevancia del tema de la consciencia, aún quedan cuestiones por clarificar y resolver, como la cuestión de su definición precisa y sus características fundamentales y el problema de la relación mente-cerebro, que sigue siendo un tema pendiente en muchos de sus aspectos. De todo ello podemos deducir que requiere un estudio aún más riguroso y profundo, para que aumentemos nuestra comprensión de lo que es un ser humano y que facilite la mutua comprensión y diálogo entre las diferentes perspectivas, de cara a una mejor profundización en el conocimiento de lo que es la consciencia y por lo tanto de lo que es la mente humana.
Parece, por otra parte, que resulta importante conocer la multiplicidad de perspectivas existentes, para poder llegar a construir algún día un modelo integrador o global de lo que es la consciencia, más completo y abarcador que los ya existentes.
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