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Génesis y evolución de actitudes ante la muerte
en la infancia
Mª
Isabel Rodríguez Fernández.

Artículo publicado en
Cuadernos de Bioética
(2000; 11(41): 113-118)
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"Es raro, ¿no?, que de las miriadas de los que
Antes de nosotros traspasaron
el umbral de las tinieblas
No vuelva ninguno a
describirnos el camino
Que para poder descubrir,
debemos recorrer también nosotros"
Rubáiyat, de Omán Khayyám

INTRODUCCIÓN
La actitud es uno
de los conceptos más relevantes en psicología
social (Berkowitz,1972; Mc Guire, 1985). No es
un concepto aislado, sino que se haya en
estrecha relación con otros conceptos
psicológicos como: motivación, percepción,
personalidad y conducta.
Allport (1935), lo define deºla siguiente forma:
"Estado de disposición nerviosa y mental,
organizada mediante la experiencia, que ejerce
un influjo dinámico o directivo sobre las
respuestas que un indivíduo da a todos los
objetos y situaciones con que ella está
relacionada"
Una actitud tiene los siguientes componentes:
Cognitivo:
ideas y creencias sobre el objeto de
la actitud.
Afectivo:
emociones que produce el objeto de
la actitud.
Conductual:
acción respecto al objeto de la
actitud. Aunque se afirma que la
medida de las actitudes carece de
valor predictivo sobre la conducta,
porque las actitudes sólo son uno de
los factores que determinan la
conducta.
Los tres componentes pueden o no estar
relacionados, pues a veces hay contradicciones
entre ellos; por ejemplo, las actitudes ante la
muerte con frecuencia son contradictorias, pues
la muerte en sí encierra una contradicción.
Estos tres componentes, permiten a su vez
diferenciarlas de las creencias (que serían el
aspecto cognitivo de la actitud) y de las
opiniones (que serían la manifestación verbal de
las actitudes).
Las funciones de las actitudes son tanto a nivel
individual como social:
Comprensión:
de la realidad y/o de los otros,
confiriendo una sensación de orden y
predictibilidad en la vida.
Satisfacción de
necesidades personales: pueden
ser útiles para alcanzar metas
personales.
Defensa del yo:
de amenazas o conflictos precibidos.
Expresión de
valores: que permiten el
establecimiento o solidificación de
la identidad personal.
CAMBIO
DE ACTITUDES
Se puede conseguir un ambio de actitudes,
creando incongruencia entre los tres componentes
de éstas, por ejemplo, presentando alguna
información nueva. Aunque el peso que pueda
tener esta información tiene mucho que ver con
la credibilidad y atractivo de la fuente, el
canal de comunicación y el mensaje transmitido.
El cambio de actitud no suele producirse de
inmediato a partir de la transmisión de la
información sino que existe un periodo de
latencia.
Otros factores que pueden producir un cambio de
actitud, tienen lugar a nivel de las distintas
funciones de la actitud:
- Actitudes
orientadas a la comprensión: pueden
cambiar cuando a sujetos en
situaciones nuevas o ambiguas, se
les da información que reduce la
ambigüedad.
- Actitudes
orientadas a las necesidades: pueden
cambiar por un cambio de las
necesidades o si un cambio de
actitud puede ayudar a alcanzar una
meta.
- Actitudes
orientadas a la defensa del yo: se
pueden modificar ante factores que
alivian una supuesta amenaza o
malestar.
- Actitudes que
expresan valores: son las más
difíciles de cambiar porque tienen
que ver con las creencias nucleares
básicas y con el sentido de uno
mismo. Aunque a veces, el tomar
conciencia de la incongruencia entre
una actitud y los valores, puede
producir un cambio.
ACTITUDES ANTE LA MUERTE
Las actitudes ante la muerte son un producto de
la educación, que varía en función del contexto
cultural. Están estrechamente relacionadas con
la visión personal del mundo y con la posición
que uno considera que ocupa en el mundo. Esto a
su vez tiene que ver con el control percibido
de la realidad, en concreto de las leyes
naturales (visión de control o de sometimiento),
pues una sensación de control sobre éstas (es
más acusado en los países desarrollados) lleva a
tener menos conciencia del poder de la
naturaleza sobre la vida y por lo tanto de la
muerte. También tienen que ver con las
experiencias relacionadas con la muerte, con
la esperanza de vida y con las
creencias sobre lo que es un ser humano. Las
principales actitudes descritas ante la muerte
son: Ansiedad, temor, preocupación y aceptación.
Según Ariès, vivimos en un período de
negación de la muerte (en los países
desarrollados): los niños crecen protegidos de
situaciones que tengan que ver con la muerte, se
ha incrementado la experanza de vida por lo que
la muerte se ve como un fenómeno muy lejano, se
considera que la naturaleza existe para ser
sometida y controlada y además se pone un
énfasis especial en el individuo al margen del
grupo (es más difícil encontrar un sentido a
través de la integración en una comunidad o en
un todo). Ariès plantea que en el curso de este
siglo la muerte se ha vuelto salvaje, ya que
progresivamente ha perdido la contención de los
muros de la religión, de la comunidad y de la
familia. A partir de aquí la razón y la ciencia
han luchado por domesticarla, siendo utilizada
por ambas para pensar en otro tipo de fenómenos
(y no como tema en sí): como recurso desde el
que se intenta discriminar qué tipo de creencias
y pensamientos conforman el saber de las
sociedades tradicionales o vinculada a los
conceptos de salud y enfermedad como
problemática intercultural.
GÉNESIS Y EVOLUCIÓN DE ACTITUDES ANTE LA MUERTE
EN LA INFANCIA
Para comprender plenamente nuestras actitudes
ante la muerte, es impresdindible desvelar su
origen. Gran parte de las actitudes ante la
muerte surgen y se consolidan en la infancia. El
temor ante la muerte se origina dentro de las
ansiedades del desarrollo infantil, por lo que
su comprensión exige el estudio del desarrollo
del concepto de muerte a partir de la temprana
infancia.
Rochlin expresa sintéticamente el proceso de
toma de conciencia de la muerte en la infancia y
su repercusión psicológica:
"Los niños muy pequeños parecen aprender que la
vida se acaba. Se aplican esta información a sí
mismos... La realidad clínica muestra que la
visión que el niño tiene del proceso de morir y
de la muerte son inseparables de las defensa
psicológicas frente a la realidad de la muerte.
Forman una firme matriz de creencias que toman
forma pronto y de manera profunda en la vida
emocional. Parece que no se altera a lo largo de
la vida"
Cuando llega el final de la vida de una persona,
sus temores incluyen los diversos significados
que la muerte ha adquirido para ella en el curso
de su vida, así como sus respuestas a los
cambios físicos y psicológicos que acompañan al
proceso del morir. Las contribuciones infantiles
al temor a la muerte son reactivadas por la
regresión provocada por la enfermedad y la
amenaza del peligro, temor que se ve reforzado
por la asociación asumida en la infancia entre
la muerte y la agresión.
Los niños carecen de un conocimiento innato
sobre la muerte; el significado de la muerte se
aprende mediante la experiencia y la elaboración
de modelos aprendidos. Pero el niño es capaz de
comprender en la medida en que los adultos no le
oculten su significado.
La muerte no es un fenómeno ajeno a la vida
infantil, pues el niño entra en contacto
frecuentemente con situaciones que se refieren a
ésta (muerte de animales, entierros que pasan
por la calle, muerte de familiares, muertes en
la televisión, etc).
En la sociedad occidental actual, la muerte
ocupa un plano ajeno a la conciencia habitual y
se vive como algo accidental, ajeno al proceso
natural de la vida. Por lo que los padres y los
educadores tienden a evitar cualquier tipo de
explicación sobre el tema e impiden que los
niños presencien situaciones que consideran
desagradables porque ellos mismos se sienten
angustiados al pensar en un tema que no han sido
capaces de afrontar y resolver. Muchas personas
piensan que es mejor que los niños no piensen en
la muerte y que sus padres les debería proteger
de situaciones relacionadas con ella. Esto lleva
a la negación del conocimiento de la muerte, que
puede ser casi inmediata o desarrollarse
gradualmente. En nuestra sociedad, la muerte se
considera un tabú y hablar de ella se considera
morboso. Hay una gran falta de comunicación
"normal" a los niños con respecto a este tema y
lo único que se consigue es producir
desconfianza y distancia entre el niño y los
adultos, que lleva a aumentar el temor y el
rechazo a la muerte a la vez que al aislamiento
con el dolor y la ansiedad que el tema de la
muerte implica. El usar el miedo y negación de
la muerte , no sólo a nivel individual sino
también colectivo, puede llevarnos a usar
defensas frente a ella que sólo pueden ser
destructivas; por nuestro deseo de omnipotencia
y de inmortalidad podemos llegar a destruir a
aquellos que supuestamente amenazan nuestra
seguridad (violencia, agresiones, guerras).
Vivimos en una sociedad empeñada en ignorar o
eludir la muerte, pero en la que la inquietud
ante la muerte va en aumento.
La manera en que se trata a un niño en una
cultura que niega la muerte y la manera en que
los padres se defienden de sus hijos desempeña
un papel significativo en el desarrollo del
niño. Los padres se protegen a sí mismos de los
sentimientos de desesperanza y vulnerabilidad
delante de la muerte y por ello se separan sin
darse cuenta de sus hijos.
Algunos autores recomiendan que se eduque a los
niños en las primeras etapas de su vida acerca
de la realidad y del sentido de la muerte, pues
las respuestas evasivas confunden y producen más
ansiedad. Una educación sobre la muerte
proporciona un significado y unas actitudes
hacia la muertey unas vías de afrontamiento de
ésta. Pero estas enseñanzas, que son una parte
esencial de la educación en diferentes culturas
y antiguamente lo era en la nuestra, se ha
perdido y en su lugar no hay más que negación y
ocultación de la muerte. Lo cual ha redundado
negativamente en nuestra manera de enfrentarnos
a esta problemática.
Los estudios sobre las actitudes ante la muerte
en los niños se basan en opiniones de padres y
educadores (Spinetta, 1974), redacciones sobre
la muerte (Nagy, 1938, 1948), entrevistas
abiertas (Kane, 1979) preguntas concretas (Weininger,
1979) y sesiones de juego con niños (Rochlin,
1963).
ETAPAS DE CONFIGURACIÓN DEL
CONCEPTO DE MUERTE
Inicialmente (hasta
los 2-3 años) los niños no tienen ningún
conocimiento de la muerte. Se sienten
desconcertados ante animales muertos y hacen
muchas preguntas para salir de su desconcierto.
Creen en su invulnerabilidad e inmortalidad
personal.
Primera toma de conciencia: a partir de los 2-3
años, cuando el habla está bien establecida.
Perciben la muerte como una separación temporal,
no son conscientes de su irreversibilidad. Su
toma de conciencia es por las respuestas de sus
padres ante el hecho de la muerte y/o por
contacto con objetos inanimados (no vivos).
Señalan la ausencia de funciones que están
presentes en los vivos (movimiento,
respiración,etc) para definir lo muerto.
Posteriormente, establecen una conexión entre la
muerte y la ausencia o separación: los muertos
se han ido. Además entienden que la muerte es el
resultado de la violencia, hay un vínculo entre
la muerte y el morir y los impulsos agresivos
primitivos del niño. Sus deseos de que algo o
alguien que les incomoda desaparezca, se
equiparan con deseos de matar o de la muerte de
otro.
Reconocimiento de que él también puede morir
(3-6 años, aunque la edad es muy variable): pero
como consecuencia de que lo maten. Aún no es
consciente de que puede morir como consecuencia
del hecho natural de estar vivo. Período en el
que expresan su ansiedad con respecto al morir,
ansiedad que deriva del miedo a que sus propios
impulsos agresivos tengan consecuencias
negativas hacia él como castigo o consecuencia
de éstos. Desarrollan pensamientos mágicos y
razonamientos fantásticos .
Conciencia de la irreversibilidad e
inevitabilidad de la muerte (6-9 años). Empiezan
a ver la muerte como final. Tienden a
personificar la muerte y la consideran un agente
externo.
Temor a morir (9-10 años): admiten el hecho de
la muerte como algo universal y que también les
sucederá a ellos. La muerte es un proceso
interno, inevitable e irreversible. Esta toma de
conciencia se da cuando se desarrolla la
capacidad para el pensamiento lógico y
abstracto, pues se tiene que haber elaborado en
grado suficiente el concepto de muerte y haber
definido una adecuada representación del sí
mismo. Algunos niños de esta edad, entienden la
muerte como disolución y poseen ideas sobre la
reencarnación. A los 9 años, entienden la
permanencia de la muerte y empiezan a ver
"causas potenciales" que pueden originarla. El
niño busca con sus propias preguntas seguridad y
conocimiento.
Fase de latencia (9-12 años): poca expresividad
y preocupación con respecto al tema de la
muerte, por una posible represión de la ansiedad
ante la muerte y negación de la muerte personal.
Otras características del pensamiento infantil
sobre la muerte
-
Naturaleza animista del pensamiento infantil:
los menores de 7 años, atribuyen a los muertos,
las propiedades de los vivos (creen que los
muertos oyen sienten, comen..."sé que papá está
muerto, pero no puedo entender por qué no viene
a cenar"), incluyen razonamientos fantásticos y
pensamientos mágicos. Por una atribución
animista de emociones a los muertos (atribución
sensaciones de desvalimiento y soledad a los
muertos) el temor a la muerte llega a asociarse
con el temor a la separación y el abandono.
- El animismo infantil va siendo reemplazado por
un concepto más realista y causal, pero
en el inconsciente permanecen las creencias y
procesos mentales más primitivos. Esto se
refleja en los sueños y en las metáforas de los
poetas en los que se da a la muerte la
significación que tuvo en la infancia. Aunque
las visiones animistas de la muerte persisten
hasta la vida adulta en las sociedades
primitivas.
- Cuando el niño descubre la mortalidad,
primero la de sus padres y luego la propia,
destroza su ilusión de autosuficiencia y
omnipotencia.
- A veces la muerte se equipara por semejanza al
dormir.
- No existen diferencias entre ambos sexos.
- Tres etapas de Cousinet: negativa, verdad
parcial y aceptación.
- El concepto infantil de la muerte se
desarrolla en función de la madurez cronológica.
- Las experiencias infantiles con la muerte
desarrollan más rápidamente el proceso, pero
sólo hasta los 6 años.
- Los sentimientos más frecuentes con respecto a
la muerte son: miedo (porque es un tema
desagradable en su cultura y no porque lo hayan
construido sobre su experiencia), tristeza o
extrañeza (cuando sabe poco sobre la muerte).
- El niño del ambiente rural, se percata de la
realidad de la muerte antes que el del ambiente
urbano, pues en los pueblos la experiencia y los
contactos son más directos.
- Los niños no tienen una imagen de la muerte:
la relacionan con cosas (caja, cruz,etc) que no
influyen en su persona.
Recomendaciones para abordar el tema de la
muerte con los niños
-
No tratar de
engañar al niño.
- Procurar dar a las preguntas del niño,
respuestas simples y directas.
- Intentar tener en cuenta el contexto emocional
y el grado de desarrollo del niño para responder
adecuadamente a sus preguntas.
- Permitirle la asistencia al funeral en el caso
de que muera alguna persona cercana.
- Propiciar y animar a los niños a que
comuniquen lo que saben, sienten y piensan
acerca de la muerte. Los adultos deben comunicar
sus incertidumbres al respecto.
- Comunicar al niño el fallecimiento de algún
familiar.El no hacerlo, puede indicar falta de
confianza en la capacidad del niño para afrontar
situaciones reales. Si se le responde con
evasivas y/o no se le dice toda la verdad, puede
producir en él ira y resentimiento (Grollman,
1974).
- Evitar descripciones terroríficas o macabras.
Pero lo principal para conseguir una educación
adecuada sobre el tema de la muerte es que los
adultos aprendan a asumir este tema y a superar
sus propios temores, poniendo énfasis en el
sentido de la vida y su belleza, buscando un
significado personal para la propia vida y para
la propia muerte. Y si no hemos sido capaz de
clarificar nuestras ideas al respecto, es
preferible mostrar nuestra incertidumbre que el
eludir hablar de ello con los niños.
Es importante que tomemos conciencia de nuestras
propias actitudes infantiles ante la muerte, el
desvelar el niño que hay en nosotros nos abre
una puerta hacia la madurez y la aceptación de
nosotros mismos.
Hay una gran semejanza entre algunas etapas
infantiles de descubrimiento de la muerte y
algunas actitudes de la vida adulta:
- Creencia en la invulnerabilidad personal: la
falta de conciencia de la propia muerte es más
frecuente en personalidades adictivas o en
personas con conductas temerarias.
- Muerte del otro: sensación de que la muerte no
le puede afectar a uno, pues quienes mueren son
los otros.
- El temor a la muerte, se asocia al deseo de la
muerte de aquello que pueda considerarse
distinto o amenazante, lo cual lleva a conductas
violentas o agresivas.
- Animismo: persistía en la
vida adulta en las sociedades primitivas (daban
ofrendas de comida a los muertos, realizaban
rituales para no ofenderlos o alejarlos, los
enterraban con sus pertenencias,etc). En la
actualidad, algunas personas les atribuyen
cualidades de los vivos a los muertos que se
sustentan en distintas supersticiones, búsqueda
de contacto con los muertos, rituales
mágicos,etc.
De todas formas, debemos
tener siempre presente, que la muerte es uno de
los mayores enigmas de nuestras vidas y la
máxima crisis que debemos afrontar y que sólo
podremos conocer en primera persona cuando nos
llegue la hora.
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